TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Tener TOC no es divertido

Dr. Peña: es importante dejar de utilizar el término TOC como sinónimo de orden o perfeccionismo, es una condición médica que puede llegar a secuestrar horas de la vida diaria

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Escrito en OPINIÓN el

"Soy un poco TOC". La frase se ha vuelto tan común que parece haber perdido su verdadero significado. La escuchamos cuando alguien acomoda los libros por colores, alinea los cuadros de una pared o prefiere tener ordenado su escritorio. Sin embargo, para quienes viven con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la realidad está muy lejos de ser una peculiaridad simpática o un rasgo de personalidad.

El cine y la televisión han contribuido a esta confusión. Personajes como Melvin Udall, interpretado por Jack Nicholson en la película Mejor imposible, o Adrian Monk, el detective de la serie Monk, mostraron algunas características del TOC de una forma que ayudó a visibilizar el trastorno, pero también reforzaron la idea de que se trata únicamente de personas extremadamente ordenadas o perfeccionistas.

La realidad clínica es mucho más compleja. El TOC se caracteriza por la presencia de obsesiones —pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos que generan ansiedad intensa— y compulsiones, que son conductas o rituales repetitivos realizados para intentar reducir esa ansiedad. Lavarse las manos durante horas, revisar decenas de veces si una puerta está cerrada, repetir mentalmente palabras o números, o buscar constantemente tranquilidad y confirmación son solo algunos ejemplos.

Lo más importante es entender que estos comportamientos no producen placer. Por el contrario, generan sufrimiento. La persona reconoce muchas veces que sus pensamientos son irracionales, pero siente que no puede detenerlos. Es como tener una alarma cerebral que se activa una y otra vez sin que exista un peligro real.

Los datos muestran que el TOC es una de las enfermedades psiquiátricas con mayor impacto en la calidad de vida. La Organización Mundial de la Salud llegó a considerarlo entre las principales causas de discapacidad asociada a enfermedades mentales en adultos jóvenes. Se estima que afecta aproximadamente al 2% de la población a lo largo de la vida y suele iniciar durante la infancia, adolescencia o adultez temprana.

Pero el sufrimiento no se limita a quien recibe el diagnóstico. Las familias también terminan atrapadas en la enfermedad. Padres que deben participar en rituales interminables, parejas que modifican sus rutinas para disminuir la ansiedad del ser querido o hijos que crecen alrededor de reglas cada vez más rígidas. El TOC suele ocupar tiempo, energía emocional y recursos de toda la red de apoyo.

Además, detrás de los síntomas visibles existen consecuencias menos evidentes: problemas laborales, deterioro académico, aislamiento social, depresión, ansiedad e incluso un mayor riesgo de ideación suicida cuando el trastorno permanece sin tratamiento.

Por eso es importante dejar de utilizar el término TOC como sinónimo de orden o perfeccionismo. Tener gusto por la limpieza no es tener TOC. Disfrutar que las cosas estén acomodadas no es tener TOC. El trastorno obsesivo-compulsivo es una condición médica que puede llegar a secuestrar horas de la vida diaria y generar un enorme desgaste emocional.

La buena noticia es que el TOC tiene tratamiento y las posibilidades de mejoría son altas cuando se realiza una valoración adecuada. La terapia cognitivo-conductual, especialmente mediante técnicas de exposición y prevención de respuesta, constituye uno de los pilares terapéuticos más eficaces. En muchos casos también es necesario el uso de medicamentos que ayudan a reducir la intensidad de las obsesiones y compulsiones. Lo más importante es no normalizar el sufrimiento ni resignarse a vivir con él. Detrás de cada ritual hay una persona intentando recuperar el control de su vida, y hoy contamos con herramientas para ayudarle a lograrlo.