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Mundial 2026: la depresión silenciosa del futbol

La pasión por el futbol no solo despierta alegría y emoción. Especialistas advierten que el Mundial 2026 podría detonar ansiedad, frustración e incluso cuadros depresivos en personas vulnerable

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La cuenta regresiva para el Mundial 2026 ya comenzó y durante 39 días, millones de personas seguirán cada jugada, celebrarán goles y sufrirán derrotas en una edición histórica que se disputará en México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, detrás de la fiesta futbolera existe un fenómeno poco discutido: el impacto que el torneo puede tener en la salud mental.

Especialistas señalan que la intensidad emocional que genera el futbol puede convertirse en un detonador de ansiedad, estrés e incluso depresión en personas con factores de riesgo previos. Aunque para la mayoría se trata de entretenimiento, para otros las derrotas, la frustración y las expectativas depositadas en un equipo pueden desencadenar consecuencias psicológicas importantes.

Víctor Manuel Rodríguez Molina, profesor del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que el futbol activa el circuito cerebral de recompensa, una red que responde a experiencias placenteras. Cuando el equipo favorito gana, el cerebro libera sustancias relacionadas con el bienestar, como las endorfinas. Sin embargo, cuando llega una derrota, una expulsión o un penal en contra, esa sensación positiva se desploma.

“El futbol es un espacio donde las emociones afloran con mucha intensidad. Durante el partido predomina una respuesta emocional más que racional, por lo que sentimientos como la alegría, la tristeza, la ira o la frustración pueden experimentarse de manera amplificada”, explica.

Impacto en la salud mental 

De acuerdo con el especialista, la derrota suele tener un impacto emocional mucho más profundo que la satisfacción que produce una victoria. Esto ocurre porque los aficionados depositan expectativas, identidad y sentido de pertenencia en sus equipos. Cuando estos fracasan, muchos experimentan una sensación de pérdida que puede extenderse más allá de los 90 minutos de juego.

La situación se vuelve más delicada en personas que ya viven con ansiedad, depresión o problemas emocionales no atendidos. Expertos en salud mental han observado que eventos masivos como los mundiales pueden actuar como catalizadores de trastornos preexistentes, afectando la productividad laboral, las relaciones familiares, la toma de decisiones e incluso la estabilidad económica.

Aunque los casos extremos son poco frecuentes, la historia registra episodios en los que una derrota deportiva se convirtió en el detonante de crisis psicológicas graves. Rodríguez Molina recuerda que tras la derrota de Brasil 7-1 frente a Alemania en el Mundial de 2014 se reportaron suicidios relacionados con el resultado. No obstante, aclara que estos casos suelen involucrar antecedentes psiquiátricos previos y que el partido funciona como un factor desencadenante, no como la causa única.

La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 280 millones de personas viven con depresión en el mundo. Por ello, especialistas recomiendan no minimizar el impacto emocional que pueden tener eventos deportivos de gran magnitud.

Ante la fiebre mundialista, los expertos sugieren mantener hábitos saludables, evitar pensamientos obsesivos relacionados con los resultados, equilibrar el tiempo dedicado al futbol con actividades familiares y laborales, realizar ejercicio y reconocer que ganar, perder o empatar forman parte natural de cualquier competencia.

La pasión por el futbol puede unir a millones de personas, pero también recuerda la importancia de cuidar la salud mental. En el Mundial 2026, la verdadera victoria podría estar en disfrutar el espectáculo sin permitir que el resultado defina nuestro bienestar emocional.