Al llegar a la adultez mayor, muchas personas modifican la forma en que evalúan sus logros, sus vínculos y el sentido que le otorgan a la vida cotidiana. Lo que antes parecía indispensable puede dejar de ocupar un lugar central para dar paso a una mirada más serena y agradecida.
En esa etapa, el bienestar no siempre depende de alcanzar grandes objetivos o de vivir experiencias extraordinarias, sino que también puede construirse a partir de actividades sencillas y de una rutina que resulte satisfactoria.
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Durante las últimas décadas, la psicología ha investigado cómo evolucionan las emociones con el envejecimiento y qué factores se relacionan con una mayor satisfacción personal.
Diversos estudios coinciden en que las personas mayores de 70 años que reportan altos niveles de felicidad comparten ciertas características clave: aceptan los días ordinarios, reducen su autoexigencia y priorizan el tiempo compartido con sus seres queridos por encima de cualquier acumulación de bienes o reconocimiento social.
Aceptar que un día "ordinario" basta
La psicología sostiene que después de los 70, las personas más felices suelen ser aquellas que aceptan que un día "ordinario" es más que suficiente para sentirse plenas.
Un artículo publicado por The Artful Parent señala que muchas personas que experimentan un alto nivel de bienestar en esta etapa no necesariamente encontraron un propósito extraordinario; en cambio, aprendieron a valorar los días comunes sin sentir que cada jornada debe demostrar su importancia o estar llena de logros. Este cambio de perspectiva suele estar relacionado con una menor presión por cumplir expectativas externas y con una mayor capacidad para disfrutar actividades simples, como compartir una comida, caminar, leer o conversar con seres queridos.
La teoría de la selectividad socioemocional
La psicóloga estadounidense Laura Carstensen, directora del Stanford Center on Longevity, desarrolló la teoría de la selectividad socioemocional, una de las propuestas más influyentes en este campo. Según esta teoría, a medida que las personas envejecen tienden a dar mayor importancia a las experiencias emocionalmente significativas y a los vínculos cercanos, mientras disminuye el interés por objetivos orientados al largo plazo o por la acumulación de logros.
Esta priorización de lo afectivo sobre lo material explica por qué muchas personas mayores encuentran una profunda satisfacción en gestos cotidianos que antes quizás pasaban desapercibidos.
Las relaciones personales como pilar del bienestar
La calidad de las relaciones personales aparece consistentemente como uno de los factores más asociados al bienestar en la adultez mayor. El Harvard Study of Adult Development, una de las investigaciones más extensas sobre felicidad humana, liderada por el psiquiatra Robert Waldinger, concluye que la calidad de los vínculos afectivos constituye el predictor más fiable de felicidad y salud durante el envejecimiento, muy por encima del éxito profesional o la riqueza material.
Mantener amistades profundas, cultivar el contacto con la familia y sentirse parte de una comunidad son hábitos que alimentan el alma y protegen contra la soledad.
¿Cuáles son las claves para una vejez plena?
Los especialistas aclaran que el bienestar en la adultez mayor no depende de una única fórmula ni aplica por igual a todas las personas. Sin embargo, numerosas investigaciones coinciden en que aceptar el valor de los momentos cotidianos, fortalecer los vínculos afectivos y reducir la presión por alcanzar metas extraordinarias forman parte de los factores que pueden favorecer una mayor satisfacción con la vida después de los 70 años. Al final, la felicidad en esta etapa no se mide por lo que se tiene, sino por la capacidad de disfrutar lo que ya está presente.
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