Según la Clínica Mayo, el ronquido ocurre cuando el flujo de aire hace vibrar los tejidos relajados de la garganta durante la respiración, produciendo ese sonido áspero o rasposo que tanto molesta a quien duerme al lado.
Lo que muchos desconocen es que el ronquido habitual puede ser una señal de alerta temprana de la apnea obstructiva del sueño (AOS), un trastorno grave en el que la persona deja de respirar parcial o totalmente durante más de 10 segundos, seguido de un resoplido o ahogo al recuperar el aire.
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Este ciclo puede repetirse docenas de veces cada hora, impidiendo un descanso reparador y poniendo en riesgo la salud cardiovascular, cognitiva e incluso la vida al volante.
¿Cuáles son las consecuencias para la salud de roncar?
Uno de los peligros más silenciosos del ronquido crónico es su impacto directo en el corazón y las arterias. La Clínica Mayo advierte que, si el ronquido está asociado con la apnea obstructiva del sueño, la persona tiene un mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares (derrames cerebrales).
Expertos de la Facultad de Medicina de la UNAM explican que quienes roncan durante años sin tratamiento son especialmente susceptibles a enfermedades vasculares, embolias e infartos al miocardio. Esto se debe a que las constantes pausas respiratorias provocan descensos en la saturación de oxígeno en la sangre, lo que fuerza al corazón a trabajar con mayor esfuerzo y eleva la presión arterial de manera crónica. La hipertensión, a su vez, es uno de los principales factores de riesgo para ataques cardíacos y cerebrales.
¿Cuándo debes preocuparte? Señales de alerta para consultar al médico
No todas las personas que roncan tienen apnea, pero existen señales claras que indican la necesidad de una evaluación médica. De acuerdo con la Clínica Mayo y MedlinePlus, debe consultarse a un profesional si el ronquido se acompaña de cualquiera de los siguientes síntomas:
- Pausas respiratorias durante el sueño (tu pareja puede notar que dejas de respirar y luego haces un resoplido o ahogo).
- Somnolencia excesiva durante el día (te quedas dormido en el trabajo, al leer o manejando).
- Dificultad para concentrarte o problemas de memoria.
- Dolores de cabeza al despertar.
- Presión arterial alta que no responde bien a los tratamientos habituales.
- Irritabilidad, cambios de humor o depresión.
En niños, también se debe prestar atención si roncan y presentan mala atención, problemas de conducta o bajo rendimiento escolar, ya que pueden tener apnea por amígdalas o adenoides inflamadas.
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