OBESIDAD

El peso del futuro: obesidad infantil y juvenil hacia 2050 y su impacto en la salud mental

El crecimiento alarmante de la obesidad no solo repercute en la salud metabólica, sino que también tiene un vínculo estrecho con la salud mental | Dr. Edilberto Peña

Para 2050, se estima que 360 millones de jóvenes vivirán con obesidad.
Para 2050, se estima que 360 millones de jóvenes vivirán con obesidad. Créditos: canva
Escrito en OPINIÓN el

Los datos recientes sobre la obesidad infantil y juvenil hacia 2050 son una advertencia contundente. Según el estudio publicado en The Lancet, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes se ha duplicado desde 1990 y se prevé que siga aumentando, con un especial crecimiento en la obesidad más que en el sobrepeso. Para 2050, se estima que 360 millones de jóvenes vivirán con obesidad, lo que implica una carga sanitaria sin precedentes y un impacto socioeconómico devastador.

Los efectos de la obesidad impactan en la salud mental.

Este crecimiento alarmante no solo repercute en la salud metabólica, con el aumento de enfermedades como la diabetes tipo 2, la hipertensión y el hígado graso, sino que también tiene un vínculo estrecho con la salud mental. Numerosos estudios han demostrado que la obesidad es un factor de riesgo para trastornos como la depresión y la ansiedad, y una de las vías clave de esta conexión es la inflamación sistémica crónica.

Inflamación sistémica: el puente entre obesidad y salud mental

La obesidad es un estado de inflamación crónica de bajo grado que afecta múltiples sistemas del organismo, incluido el cerebro. El tejido adiposo en exceso produce citoquinas proinflamatorias como la interleucina-6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a), que pueden cruzar la barrera hematoencefálica y alterar la neurotransmisión. Este proceso ha sido implicado en la fisiopatología de la depresión, la ansiedad y otros trastornos psiquiátricos.

Además, la resistencia a la insulina y las alteraciones en el metabolismo del cortisol asociadas con la obesidad pueden afectar la regulación del estrés y la respuesta emocional. Niños y adolescentes con obesidad también experimentan una mayor estigmatización social, lo que agrava el riesgo de problemas de salud mental y refuerza un ciclo de deterioro psicológico y físico difícil de romper.

La urgencia de una respuesta estructural

Las proyecciones para 2050 indican que, si no se toman medidas inmediatas, la crisis de obesidad infantil y juvenil seguirá escalando, llevando consigo un aumento en la carga de enfermedades mentales y metabólicas. Esta realidad presenta una oportunidad para diseñar políticas públicas que aborden el problema de manera integral.

Niños y adolescentes con obesidad experimentan estigmatización. 

Es imperativo fortalecer la regulación de la industria alimentaria, garantizar el acceso a alimentos saludables y reformular el entorno urbano para fomentar la actividad física. Al mismo tiempo, se debe promover una mayor conciencia sobre los efectos de la obesidad en la salud mental y mejorar la capacitación de los profesionales de la salud en el abordaje de esta interconexión.

Las cifras proyectadas no deben ser vistas como un destino inevitable, sino como un llamado a la acción. Aún hay margen para revertir esta tendencia y evitar que la próxima generación herede una crisis de salud pública que podría haberse prevenido con las políticas adecuadas. La obesidad infantil y juvenil no es solo un problema de peso; es una amenaza multidimensional que exige respuestas urgentes y coordinadas.