Con la llegada de la pandemia del covid-19, el deterioro de la salud mental entre los jóvenes se ha acentuado, con un aumento preocupante de trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, por lo que se vuelve fundamental saber qué hábitos ayudan a mejorar este problema.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la salud mental como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.
Te podría interesar
¿Cuáles son los hábitos que mejoran tu salud mental?
Un estudio realizado por la Université de Montréal (UdeM) ofrece una perspectiva alentadora: el contacto frecuente y consciente con la naturaleza puede ser una herramienta poderosa para recuperar el bienestar psicológico.
La investigación, liderada por el doctor Corentin Montiel y supervisada por la profesora Isabelle Doré, se centró en cómo la percepción de los espacios verdes en la rutina cotidiana y durante la actividad física influye en la salud mental de jóvenes con una edad promedio de 22 años.
Los hallazgos van más allá de medir simplemente la proximidad a un parque y se adentran en la experiencia subjetiva de conectar con el entorno natural.
La percepción consciente, clave del beneficio
El estudio se aparta de enfoques tradicionales al preguntar directamente a 357 participantes cómo perciben la naturaleza en su vida diaria y al hacer ejercicio. La conclusión fue clara: la exposición ocasional o limitada a un solo contexto no es suficiente para generar mejoras detectables en la salud mental.
Solo aquellos jóvenes que reportaron una alta percepción de la naturaleza en ambos ámbitos (en su rutina general y durante la práctica de actividad física) mostraron una ventaja significativa, alcanzando hasta 7.4 puntos más en escalas de bienestar psicológico en comparación con quienes tenían baja exposición en ambos contextos.
Según la profesora Doré, "parece que la percepción de la naturaleza debe combinarse en distintos escenarios para que tenga un impacto real". Esto sugiere que no basta con vivir cerca de un área verde; es crucial buscar activamente esos entornos y ser consciente de ellos, especialmente al movernos.
El ejercicio en espacios naturales parece redirigir la atención hacia estímulos externos (como el paisaje o los sonidos) alejándola de sensaciones internas de cansancio o estrés, lo que potencia el efecto reparador.
Acceso desigual y caminos hacia soluciones
La investigación también alerta sobre una barrera crítica: el acceso a entornos verdes es desigual, afectando más a comunidades de bajos ingresos, inmigrantes y minorías racializadas. Esta desigualdad limita las oportunidades de recreación al aire libre y puede profundizar las brechas en salud mental. Frente a esto, Doré propone una doble estrategia: facilitar el acceso a espacios naturales más distantes mediante excursiones comunitarias y, al mismo tiempo, potenciar la experiencia con la naturaleza local. "No hace falta estar inmerso en la naturaleza para oírla y sentirla", afirma. Un parque urbano bien diseñado puede ser un punto de partida eficaz.
Actualmente, el equipo de la UdeM desarrolla el proyecto SeeNAT, que durante cuatro años analizará decenas de actividades físicas en distintos entornos para identificar cuáles promueven mejor el bienestar juvenil. Los resultados buscan fundamentar políticas públicas que integren la promoción de la actividad física en espacios naturales como una herramienta válida y accesible para cuidar la salud mental de las nuevas generaciones.
Para enterarte de toda la información que necesitas sobre salud y bienestar síguenos en Facebook y TikTok.
