En el Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez, una cifra debería encender todas las alarmas: casi el 97% de los casos de maltrato contra personas mayores ocurre dentro de su propia casa y es cometido por un integrante de la familia. No se trata de extraños ni de instituciones. Es el hijo, la hija, el nieto o el cónyuge quien ejerce violencia física, psicológica o patrimonial. Y lo más grave: todo sucede bajo una "conspiración del silencio" que impide la denuncia por miedo a represalias o a quedarse sin cuidado.
El psiquiatra mexicano Agustín Torres Cid de León, especialista en psicogeriatría, explica que muchas de las manifestaciones de abuso psicológico —como la falta de motivación, el llanto constante, el aislamiento social o el abandono del tratamiento médico— suelen confundirse con síntomas propios del envejecimiento. “Una persona puede manifestar tristeza o preocupación, pero eso no es vejez: puede ser maltrato”, advierte el especialista.
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Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez
Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez y representa el día del año en el que todos expresamos nuestro rechazo a los abusos y sufrimientos a los que son sometidos muchos adultos mayores.
La línea roja del cuidador: estrés que duele en ambos lados
El cansancio extremo del cuidador primario es real. Torres Cid de León señala que la mitad de los cuidadores de personas con demencia presentan síntomas depresivos derivados de la carga asistencial. Con el avance de la enfermedad, el cuidador pierde sueño, deja de trabajar (en el 70% de los casos reduce sus ingresos) y ve anuladas sus propias necesidades. Esta fatiga puede cruzar una línea peligrosa: una de cada seis personas en situación de cuidado corre el riesgo de ejercer maltrato físico, psicológico o por omisión.
El especialista enfatiza que no se trata de juzgar al cuidador, sino de entender su vulnerabilidad. “La intervención debe ir más allá de criticar. Si no duerme, no trabaja y no tiene apoyo, el estrés crónico puede derivar en violencia”, explica. La clave está en identificar antes de que ocurra: alteraciones en el apetito, visitas recurrentes a servicios de salud sin causa clara y el abandono del tratamiento son señales de alerta temprana.
Cuando el cerebro mayor no puede regenerarse
El impacto neurobiológico del maltrato crónico es mucho más severo en un cerebro envejecido. Torres Cid de León detalla que el estrés recurrente eleva el cortisol, una hormona que altera procesos cerebrales y acelera la formación de placas de grasa en las arterias cerebrales, lo que induce deterioro cognitivo irreversible. A diferencia de lo que ocurre en jóvenes o adultos de mediana edad, la capacidad regenerativa del cerebro mayor es limitada.
La consecuencia directa es un mayor riesgo de enfermedades metabólicas como diabetes, hipertensión y demencia. El médico advierte además sobre la relación entre maltrato e ideación suicida: en adultos mayores, a diferencia de otras edades, basta con dos intentos de suicidio para que uno sea consumado. “Pensar en morir puede parecer un alivio para quien vive en un entorno hostil”, dice Torres. “Pero esa idea no es depresión endógena: es una reacción lógica a la violencia sostenida”.
Chantaje patrimonial y sedación química: las otras violencias
El abuso patrimonial es la forma de maltrato más normalizada en México. Los hijos utilizan chantajes emocionales como “no tengo trabajo”, “mi generación no tuvo tus oportunidades” o incluso “tú me maltrataste en la infancia” para doblegar la voluntad del adulto mayor. El resultado: pérdida de pensiones, despojo de viviendas y, en los casos más extremos, el abandono total. “Las personas con deterioro cognitivo son las más vulnerables a este tipo de manipulación”, alerta el especialista.
Otro problema menos visible es la presión familiar para medicar con psicofármacos a los adultos mayores. Torres Cid de León señala que, aunque en consulta privada es posible resistirse siguiendo guías clínicas, el riesgo aumenta en asilos y casas de retiro, donde el personal solicita sedar a los residentes para reducir su carga laboral. “Este medicamento está prohibido para su familiar y no es la estrategia adecuada”, responde el médico cuando recibe este tipo de peticiones.
Soledad impuesta y la urgencia de un santuario
El abandono y la soledad forzada son, para el psiquiatra, formas de maltrato incluso más graves que el físico. La desconexión social —que combina soledad y aislamiento— genera mayor riesgo de mortalidad prematura, depresión y deterioro cognitivo. Hoy en México hay más personas mayores de 60 años que niños de 0 a 5 años, y muchas de ellas viven solas, sin redes familiares ni vecinales. “Hace 50 años el adulto mayor vivía con sus hijos y nietos; ahora la estructura familiar ha cambiado por completo”, lamenta Torres.
Ante esta realidad, el especialista tiene claro qué cambiaría del sistema de salud mexicano si pudiera: “Haría un santuario, un lugar, una comunidad donde las personas en condición de maltrato pudieran acudir con interacción social, laboral y recreativa. Un sitio que garantice la separación del entorno violento”. Porque, advierte, hoy no existe en el país un sistema de protección para adultos mayores comparable al que existe para la infancia. Y visibilizar esta realidad, concluye, ya no es opcional: es urgente.
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