La Biblioteca de Medicina de los Estados Unidos señala que un infarto (ataque cardíaco), es la muerte de una parte del músculo cardíaco debido a la interrupción o reducción crítica del flujo sanguíneo rico en oxígeno, generalmente por el bloqueo de una arteria coronaria. Es una emergencia médica que requiere atención inmediata para salvar el tejido cardíaco.
Las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte en México, cobrando la vida de más de 100 mil hombres anualmente y aunque se tiene la idea de que los infartos se dan únicamente durante la vejez, esta es una idea errónea.
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La edad en la que son más comunes los infartos en hombres
Una investigación encontró que el reloj del riesgo cardíaco en los hombres comienza a avanzar peligrosamente a partir de los 35 años. Este hallazgo redefine el momento en el que debe comenzar la prevención activa, llevándola a etapas de la vida en las que tradicionalmente se menosprecia el cuidado del corazón.
El estudio, que siguió a más de 5 mil adultos inicialmente sanos durante más de tres décadas, ofrece una visión única de cómo se gestan silenciosamente las enfermedades cardiovasculares. Los datos desmontan la idea de la invulnerabilidad juvenil y trazan una línea roja a mitad de la treintena, cuando las arterias de los hombres empiezan a mostrar un desgaste diferenciado.
La autora principal, Alexa Freedman, epidemióloga de la Universidad del Noroeste, lo resume con claridad: “Las enfermedades del corazón llevan décadas desarrollándose, y los signos iniciales ya son visibles en adultos jóvenes”.
Los 35 años: la edad crítica donde se abre la brecha cardiovascular
El análisis longitudinal identificó los 35 años como un punto de inflexión epidemiológico. A partir de esta edad, las trayectorias de salud cardiovascular de hombres y mujeres comienzan a divergir de forma significativa. La brecha no es marginal; está impulsada principalmente por el aumento de la enfermedad coronaria, el proceso de obstrucción de las arterias que deriva directamente en infartos agudos de miocardio. Este fenómeno sugiere que los factores de riesgo —como la presión arterial, el colesterol y el estilo de vida— empiezan a cobrar un precio más alto y más temprano en el sexo masculino.
Los investigadores ajustaron los datos considerando variables clave como el tabaquismo, la actividad física, el peso y los niveles de glucosa. Incluso al equilibrar estos factores, la brecha de riesgo entre sexos persistió, lo que apunta a que existen componentes biológicos intrínsecos que hacen a los hombres más vulnerables. Esto no significa que el destino esté sellado, sino que, ante una predisposición, la vigilancia y la intervención temprana son aún más cruciales para ellos a partir de la cuarta década de la vida.
Los hombres alcanzan umbrales de riesgo casi una década antes
Uno de los hallazgos más contundentes del estudio es la diferencia en la edad a la que se alcanzan ciertos umbrales de peligro. Los hombres llegan a un riesgo cardiovascular del 5% alrededor de los 50 años y medio, mientras que las mujeres lo hacen cerca de los 57 años y medio. Es decir, los varones enfrentan ese nivel de riesgo siete años antes. Cuando el foco se pone específicamente en la enfermedad de las arterias coronarias, la anticipación es aún mayor: los hombres cruzan ese umbral casi una década antes que las mujeres.
Cabe destacar que el estudio no encontró diferencias significativas entre sexos en el riesgo de accidente cerebrovascular (embolia o derrame), al menos en las edades analizadas. Sin embargo, sí observaron que la discrepancia en los casos de insuficiencia cardíaca se hace más evidente en etapas posteriores de la vida, un área que los científicos planean seguir investigando con poblaciones de mayor edad.
Un llamado a la acción: chequeos preventivos desde la juventud
El mensaje final de la investigación es claro y urgente: la prevención no puede esperar a los 50. Dado que las enfermedades cardíacas siguen siendo la principal causa de muerte tanto en hombres como en mujeres, la ventana de oportunidad para actuar se abre en la juventud adulta. Los autores enfatizan la necesidad de que los hombres, especialmente aquellos mayores de 35 años adopten como hábito los chequeos médicos regulares, que suelen ser pospuestos o evitados por este grupo poblacional.
La recomendación va más allá de la consulta médica. Implica adoptar, desde los 30 años, un estilo de vida cardiosaludable: monitorear periódicamente la presión arterial y el colesterol, mantener una dieta equilibrada, realizar actividad física regular, evitar el tabaco y gestionar el estrés. Estos no son consejos genéricos; son, según la ciencia, las herramientas más efectivas para retrasar ese punto de quiebre de los 35 años y llegar a la madurez con un corazón fuerte. La salud cardiovascular es una carrera de fondo, y la línea de salida está mucho más atrás de lo que se cree.
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