La patente de la semaglutida —conocida mundialmente como Ozempic— expiró en India, abriendo la puerta a que el país asiático comience a fabricar versiones genéricas del fármaco para abastecer a múltiples mercados. Esto representa una noticia esperanzadora para millones de personas con obesidad o diabetes que hasta ahora enfrentaban precios inalcanzables.
Te podría interesar
Sin embargo, también enciende una alerta entre los especialistas: la masificación del acceso podría desatar un uso desmedido e irresponsable.
El Dr. Alejandro Macias, reconocido infectólogo y experto en salud pública, ya había advertido en un video de Youtube que la "verdadera locura" por la semaglutida ya se vivió en Estados Unidos y Europa, donde figuras públicas la popularizaron como el atajo perfecto para bajar de peso. Ahora, con una oferta más amplia y económica, el riesgo de que se repita este fenómeno —pero a mayor escala— es inminente.
El error de pensar que es magia
"La gente cree que es inyectarse esto y olvidarse. Y no es así", enfatiza el Dr. Macias. El especialista explica que la semaglutida pertenece a los agonistas GLP-1, hormonas intestinales que le indican al cerebro que deje de comer, además de retardar el vaciamiento del estómago. Pero su eficacia para perder peso viene acompañada de efectos colaterales que muchos subestiman:
- Náuseas
- Vómitos
- Indigestión
- Diarrea explosiva
- Estreñimiento.
La paradoja, según Macias, es que la pérdida de peso depende precisamente de esos efectos. "Si quieres ir muy rápido con estos medicamentos, vas a fracasar. No vas a tolerar los efectos colaterales", sentencia. Y esa es, justamente, la razón por la que miles de personas en el mundo ya han abandonado el tratamiento: la prisa por ver resultados rápidos choca contra la realidad de un cuerpo que necesita adaptarse gradualmente.
Una receta para el fracaso
El doctor enumera los errores más comunes que convierten el uso de la semaglutida en un fracaso anunciado. El primero son las expectativas desmedidas: el fármaco ayuda a perder entre 5 y 10% del peso corporal, no más. Quien espere resultados espectaculares en pocas semanas se llevará una decepción.
El segundo error es ignorar el rebote. "Cuando lo suspendes, vas a recuperar buena parte del peso perdido", advierte Macias. Por eso, estos medicamentos probablemente tendrán que usarse de forma crónica, como los de la presión arterial, quizás a dosis más bajas de mantenimiento.
Disciplina, no atajos
Frente a la inminente masificación del fármaco, Macias insiste en que el verdadero éxito no depende solo de la inyección. "No le dejes todo a la medicina", repite. El cambio de estilo de vida es innegociable: dieta adecuada, ejercicio de bajo impacto y, sobre todo, paciencia. Alcanzar una dosis eficaz puede tomar dos o tres meses, y llegar al peso deseado, años.
El especialista destaca una alternativa que, curiosamente, exige mayor disciplina: la versión oral del medicamento, que requiere ayunos de al menos ocho horas para su absorción.
"Quien logra hacer eso está dando la señal de que puede comprometerse", afirma. En su experiencia, esa vía funciona mejor porque impone una rutina que el paciente debe respetar a rajatabla.
La expiración de la patente en India es una oportunidad histórica para democratizar el acceso a un fármaco que ha demostrado ser un parteaguas en el manejo de la obesidad.
Pero el Dr. Macias lanza una advertencia clara: si la gente sigue pensando que todo se reduce a inyectarse y adelgazar sin esfuerzo, el fracaso estará garantizado. El medicamento es una herramienta poderosa, pero no hace milagros. La paciencia, la disciplina y el acompañamiento médico son, en realidad, los ingredientes que determinan si la balanza se inclina hacia un cambio real o hacia otro capítulo de frustración y abandono.
Para enterarte de toda la información que necesitas sobre salud y bienestar síguenos en Facebook y TikTok.
