Dormir es fundamental para una buena salud, sin embargo, existen hábitos que puedes estar ignorando y que son malos ya que dañan tu sueño durante la noche.
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Dar vueltas en la cama, miras el reloj con desesperación y al día siguiente te sientes agotado, irritable y con la mente nublada. Esta escena, más común de lo que creemos, a menudo no es producto del azar, sino el resultado directo de nuestras rutinas diarias. Lo que hacemos—o dejamos de hacer—en las horas previas a acostarnos puede ser la diferencia entre un sueño rejuvenecedor y una noche de frustración.
¿Cuáles son los malos hábitos que afectan tu sueño durante la noche?
Reconocer estos malos hábitos del sueño es el primer paso para recuperar el descanso. Lejos de ser misteriosos insomnios, muchos de estos problemas tienen una causa identificable y, por lo tanto, una solución al alcance de la mano.
Estos son los malos hábitos que afectan tu sueño durante la noche:
- Usar dispositivos electrónicos antes de dormir
Sumergirse en el mundo digital antes de dormir es uno de los mayores errores modernos. La luz azul emitida por teléfonos, tablets y computadoras engaña a nuestro cerebro, suprimiendo la producción de melatonina, la hormona encargada de indicarle al cuerpo que es hora de dormir. En lugar de prepararse para el descanso, tu sistema nervioso permanece en estado de alerta, como si aún fuera de día. Esto no solo retrasa el momento en que concilias el sueño, sino que también afecta su calidad, haciendo que sea más superficial y menos reparador. Crear un "toque de queda digital" al menos una hora antes de acostarse es una de las estrategias más efectivas para reconectar con un ciclo de sueño natural y profundo.
- Tomar café en la noche y/o cenar pesado
Esa taza de café de la tarde o el chocolate después de la cena pueden parecer inofensivos, pero la cafeína permanece en tu sistema durante horas, interfiriendo directamente con tu capacidad para relajarte. Por otro lado, acostarse con el estómago lleno luego de una comida grasosa o picante obliga a tu sistema digestivo a trabajar horas extras, lo que puede causar acidez o malestar general que interrumpe el sueño. Tu cuerpo, en lugar de dedicar sus recursos a restaurarse, está ocupado digiriendo. Optar por una cena ligera al menos dos o tres horas antes de ir a la cama y limitar la cafeína a partir del mediodía, puede marcar una diferencia abismal en la calidad de tu descanso.
- Tener un dormitorio desordenado
Tu entorno físico juega un papel crucial en tu capacidad para dormir bien. Una habitación demasiado cálida, una almohada que no soporta bien tu cuello, el ruido del tráfico o incluso una pequeña luz del router pueden fragmentar tu sueño sin que siquiera lo notes. El cuerpo necesita un ambiente fresco, oscuro y silencioso para alcanzar las fases más profundas del sueño. Pequeños ajustes, como usar cortinas blackout, bajar el termostato, o incorporar sonidos blancos para enmascarar ruidos molestos, transforman tu dormitorio en un santuario diseñado exclusivamente para el descanso profundo y continuo.
- Sobrepensar antes de dormir
Llevar las preocupaciones laborales, las discusiones o la planificación del día siguiente a la cama es una receta segura para el insomnio. Tu cerebro asocia el espacio con la actividad mental, no con la desconexión. Cuando usas la cama como una extensión de tu oficina o un foro para repasar problemas, creas un vínculo de ansiedad que dificulta relajarse. Es fundamental reservar la cama exclusivamente para dormir y para la intimidad. Establecer un ritual de 30 minutos antes de dormir para anotar las preocupaciones en un diario o planificar el día siguiente, puede ayudar a "vaciar la mente" y llegar al colchón con la calma necesaria.
- No tener una hora fija para ir a la cama
Acostarse y despertarse a una hora diferente cada día, incluyendo los fines de semana, es como generar un jet lag social constante. Este hábito desincroniza tu reloj biológico interno (ritmo circadiano), confundiendo a tu cuerpo sobre cuándo debe sentir sueño y cuándo debe estar despierto. La consistencia es la base del buen sueño. Intentar levantarte y acostarte aproximadamente a la misma hora todos los días, incluso los sábados y domingos, regula tu ciclo natural de sueño-vigilia. Con el tiempo, te encontrarás sintiéndote cansado a la hora de dormir y despertándote renovado, incluso antes de que suene la alarma.
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