La idea de que el autismo conlleva un déficit general de memoria podría estar equivocada. Un equipo del Departamento de Psicología Clínica del Instituto Central de Salud Mental de Mannheim y la Facultad de Medicina de la Universidad de Heidelberg ha demostrado lo contrario: las personas con trastorno del espectro autista (TEA) de alto funcionamiento pueden recordar acontecimientos ocurridos en edades mucho más tempranas y hacerlo con una riqueza de detalles sensoriales que la población neurotípica no logra .
Esta investigación, publicada en una prestigiosa revista científica, cuestiona décadas de creencias tradicionales y abre una ventana fascinante para entender cómo perciben y procesan el mundo las personas con autismo. Los hallazgos no solo tienen implicaciones para la psicología, sino que son fundamentales para la intervención terapéutica y la comprensión cotidiana de estos menores.
Te podría interesar
Recuerdos visuales, auditivos y olfativos más intensos
El estudio revela que los recuerdos en personas con autismo están especialmente vinculados a experiencias visuales, auditivas, táctiles u olfativas, facilitando posteriormente su recuperación. Esto significa que un olor, un sonido o una imagen aparentemente insignificante para un observador externo puede desencadenar en ellos un recuerdo vívido y emocionalmente cargado de la primera infancia.
Los autores relacionan estos hallazgos con la Teoría del Mundo Intenso, desarrollada por los neurocientíficos Henry y Kamila Markram. Según esta teoría, las personas con autismo presentan una hiperpercepción, una mayor atención a los detalles sensoriales y una respuesta cerebral más intensa frente a determinados estímulos. Esta capacidad de procesamiento sensorial profundo es la que permite que los recuerdos se fijen con una claridad y duración excepcionales.
La clave para entender conductas y evitar revictimización
Estas conclusiones adquieren especial relevancia a la luz de las investigaciones sobre trauma infantil. Diversos trabajos han señalado que muchos menores no expresan verbalmente las experiencias traumáticas, sino mediante conductas, emociones o respuestas fisiológicas desencadenadas por estímulos que les recuerdan el acontecimiento vivido.
En el caso de los menores con TEA, los investigadores apuntan que la mayor riqueza de la memoria sensorial podría contribuir a que determinados sonidos, imágenes, olores, espacios o incluso personas activen con mayor intensidad recuerdos tempranos, incluso cuando el menor no sea capaz de verbalizar lo sucedido. Comprender cómo procesan y recuperan sus recuerdos resulta fundamental para interpretar adecuadamente su conducta y evitar situaciones de revictimización.
Una herramienta para mejorar las terapias
El estudio concluye que evaluar el patrón de percepción sensorial constituye una herramienta útil tanto para comprender la diversidad clínica del autismo como para diseñar mejores intervenciones terapéuticas y mejorar la relación cotidiana con estos menores. Conocer que su memoria no es un déficit, sino una capacidad sensorial amplificada, permite a terapeutas, educadores y familias ajustar su enfoque para conectar mejor con ellos y ofrecerles el apoyo que realmente necesitan.
Para enterarte de toda la información que necesitas sobre salud y bienestar síguenos en Facebook y TikTok.
