Las mañanas con lagañas en los ojos del recién nacido suelen alarmar a los padres primerizos. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de un mecanismo de defensa natural del ojo para eliminar impurezas. La Academia Americana de Pediatría explica que estas secreciones están compuestas de moco, células muertas y polvo atrapado durante el día.
Pero no todas las lagañas son iguales. Cuando cambian de color, aumentan en cantidad o vienen acompañadas de otros síntomas, pueden estar señalando un conducto lagrimal obstruido o una infección que requiere atención médica inmediata.
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Las lagañas tienen una función protectora
La superficie del ojo se mantiene limpia gracias a la película lagrimal, que arrastra las partículas extrañas hacia el ángulo interno. Durante el sueño, al no parpadear, ese material se acumula y se seca, formando las típicas lagañas matutinas. De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU., este proceso es completamente normal si la secreción es blanquecina o transparente y no causa molestias al bebé.
¿Cuándo preocuparse?
El verdadero foco rojo aparece cuando las lagañas se vuelven amarillentas, verdes, espesas y pegajosas, al punto de mantener los párpados sellados. Los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. advierten que esto puede indicar una conjuntivitis bacteriana o viral, sobre todo si hay enrojecimiento ocular, hinchazón de los párpados o fiebre. En estos casos no basta con la limpieza en casa y se debe consultar al pediatra para valorar tratamiento antibiótico.
¿Cómo quitar las lagañas?
Para eliminar las lagañas sin lastimar el ojo, la recomendación oficial es lavarse bien las manos y utilizar una gasa estéril humedecida con solución salina o agua previamente hervida ya tibia. Se limpia desde el lagrimal hacia afuera, con un solo pase, y se desecha la gasa. Si el pediatra lo indica, se puede masajear con suavidad la zona del conducto lagrimal para ayudar a destaparlo, una técnica que la Asociación Americana de Oftalmología Pediátrica describe como efectiva en la mayoría de los casos.
Lo que nunca debes hacer
El error más frecuente es usar la misma gasa para ambos ojos, lo que propaga bacterias de un ojo sano a uno infectado. Tampoco se deben aplicar gotas caseras, manzanilla ni leche materna directamente en el ojo, ya que pierden la esterilidad y pueden agravar la infección. El consenso médico es claro: solo solución salina estéril o agua hervida.
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