Una alarmante tendencia gana terreno: cada vez más padres, impulsados por el escepticismo científico y el deseo de una crianza "natural", no sólo están rechazando las vacunas tradicionales, sino también cuidados preventivos críticos como la inyección de vitamina K y ungüentos oculares. Esto demuestra que lo que comenzó como un movimiento antivacunas se ha extendido a procedimientos rutinarios que han salvado vidas durante décadas.
Una reciente investigación publicada este año en Journal of the American Medical Association muestra un cambio en la tendencia a la baja en la administración de la inyección de vitamina K en bebés. “En ocasiones, los padres se niegan a administrar vitamina K a sus recién nacidos debido a preocupaciones sobre la necesidad, el dolor de la inyección y los posibles efectos adversos. El escepticismo público con respecto a las intervenciones preventivas pediátricas ha aumentado después de la pandemia de covid”, se alertó en el informe.
Te podría interesar
Asimismo, The Associated Press publicó una investigación en la que los médicos advierten que la negativa a aplicar la vitamina K pone a los recién nacidos en un peligro extremo. Los bebés nacen con niveles bajos de esta vitamina, esencial para la coagulación de la sangre. Sin ella, los menores tienen 81 veces más probabilidades de desarrollar hemorragias graves, incluyendo sangrados cerebrales que pueden derivar en accidentes cerebrovasculares, daños en el desarrollo y convulsiones permanentes.
En el estado de Idaho, Estados Unidos, pediatras reportaron recientemente ocho muertes de lactantes en un periodo de solo 13 meses debido a hemorragias por deficiencia de vitamina K, una condición que es casi totalmente prevenible con una sola inyección al nacer.
El auge del movimiento en Estados Unidos y en México
Esta ola de desconfianza no es un fenómeno aislado. Según el estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, los rechazos a la inyección de vitamina K en Estados Unidos casi se duplicaron entre 2017 y 2024, pasando del 2.9% al 5.2%. Los expertos señalan que este escepticismo se ha visto alimentado por la desinformación en redes sociales y agendas políticas que cuestionan la ciencia establecida.
En México, el debate no es nuevo pero ha cobrado vigencia. El doctor Antonio Lazcano Araujo, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, destacó en el coloquio "Vacunov, el huerfanito", realizado en 2023 por la Facultad de Ciencias, que el movimiento antivacunas tiene una historia de más de 150 años, el cual persiste a pesar de la evidencia científica de que vacunar salva vidas. El especialista destacó que estos prejuicios, ya sean religiosos, políticos o sanitarios, ponen en riesgo la salud global, especialmente en un mundo hiperconectado donde las enfermedades viajan a gran velocidad.
La falacia de lo "natural"
El núcleo de este rechazo a las vacunas y a otros procedimientos como la inyección de vitamina K suele ser la creencia de que "lo natural es siempre mejor que lo artificial", de acuerdo con los que dijeron expertos a The Associated Press. De acuerdo con la investigación, también ha aumentado el rechazo a la vacuna contra la Hepatitis B, que es crucial para prevenir el cáncer de hígado y la cirrosis a largo plazo, y al ungüento de eritromicina, que se aplica en los ojos para prevenir la ceguera causada por infecciones bacterianas contraídas durante el parto.
