Cuando una persona recibe el diagnóstico de diabetes mellitus tipo 2, casi siempre piensa en medicamentos, análisis clínicos, consultas médicas y una larga lista de alimentos que, aparentemente, tendrá que dejar de consumir para siempre. Lo que pocas personas imaginan es que una de las herramientas más poderosas para controlar la enfermedad no se compra en una farmacia, no requiere receta médica y está al alcance de prácticamente cualquiera. Se llama movimiento.
Puede parecer una recomendación demasiado simple para enfrentar una enfermedad que afecta a millones de personas y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud. Sin embargo, la ciencia ha demostrado durante las últimas décadas que mantenerse físicamente activo modifica de manera favorable el metabolismo de la glucosa, mejora la respuesta del organismo a la insulina y disminuye el riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares, renales, neurológicas y oftalmológicas.
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El ejercicio dejó hace mucho tiempo de ser un complemento del tratamiento. Hoy sabemos que constituye uno de sus pilares fundamentales. El enemigo silencioso llamado sedentarismo
Vivimos en una época diseñada para movernos cada vez menos. Pasamos horas frente a una computadora, trabajamos sentados, nos trasladamos en automóvil y terminamos el día frente a una pantalla. Nuestro cuerpo, sin embargo, fue diseñado para moverse.
Cada hora que permanecemos inmóviles disminuye el consumo de energía de nuestros músculos, favorece la resistencia a la insulina y dificulta el adecuado aprovechamiento de la glucosa por parte de las células.
Las 5S: una estrategia sencilla para recuperar el movimiento
El modelo conocido como las 5S propone incorporar el movimiento de forma progresiva mediante cinco hábitos que cualquier persona puede adaptar a sus posibilidades, edad y condición física. En esta primera entrega hablaremos de las dos primeras.
Primera S: Estar de pie
Interrumpir los periodos prolongados de sedentarismo mejora el metabolismo de la glucosa y reduce el impacto negativo de permanecer sentado durante muchas horas. La recomendación es sencilla: levantarse cada 30 a 60 minutos, caminar unos pasos, subir escaleras o realizar pequeños desplazamientos.
Segunda S: Caminar
Caminar de manera constante mejora la sensibilidad a la insulina, favorece el control de la presión arterial, ayuda a disminuir la grasa corporal, fortalece el sistema cardiovascular y contribuye a mantener una mejor calidad de vida. Quien actualmente no realiza ninguna actividad puede iniciar con diez o quince minutos diarios e incrementar gradualmente el tiempo hasta alcanzar entre 30 y 45 minutos la mayoría de los días de la semana.
No todos deben empezar igual
Las personas con enfermedad cardiovascular, neuropatía diabética, retinopatía, enfermedad renal o limitaciones musculoesqueléticas deben recibir una valoración médica antes de iniciar un programa de actividad física. El ejercicio debe adaptarse a cada paciente.
Cambiar hábitos, no solamente cifras
La verdadera transformación ocurre cuando el movimiento deja de verse como una obligación temporal y se convierte en parte de la rutina cotidiana. Subir escaleras, caminar unas cuadras más, levantarse durante la jornada laboral o salir a caminar después de cenar son decisiones pequeñas que, repetidas todos los días, generan grandes beneficios.
El primer paso siempre es el más importante
La diabetes no desaparece por caminar un solo día. Su control depende de cientos de decisiones cotidianas que, con el tiempo, construyen una mejor salud. Quizá por eso el tratamiento más efectivo no comienza cuando abrimos un frasco de medicamento, sino cuando decidimos levantarnos de la silla y dar el primer paso.
En la siguiente entrega conoceremos las dos siguientes "S": sudar y fortalecer, y descubriremos por qué el músculo es uno de los grandes aliados para controlar la glucosa.
