El café es la bebida predilecta de muchas personas por la mañana y aunque en múltiples ocasiones te hemos mencionado sus beneficios, hoy te diremos si puede elevar tu colesterol.
A pesar de que el café es constantemente noticia por sus propiedades antioxidantes y su capacidad para mejorar la concentración y el estado de alerta, la forma en que se prepara podría estar contrarrestando esos beneficios.
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Diversos estudios han identificado que, si bien consumir hasta cuatro tazas al día se asocia con efectos positivos para la salud general, superar esa cantidad o elegir métodos de preparación inadecuados podría incrementar el riesgo de enfermedades cardíacas. Lo más sorprendente es que el café no contiene colesterol, pero sí sustancias que influyen directamente en cómo nuestro cuerpo lo procesa.
¿Cómo es que el café puede elevar tu colesterol?
Detrás del aroma y el sabor del café se esconden dos aceites naturales llamados cafestol y kahweol, responsables del posible efecto negativo sobre los lípidos en sangre.
De acuerdo con investigaciones estos compuestos químicos presentes en los granos de café tienen la capacidad de interferir con los mecanismos que regulan el colesterol en el organismo, provocando un aumento en los niveles del colesterol LDL, conocido popularmente como "malo".
Estudios recientes han demostrado que los consumidores habituales de café, especialmente aquellos de edad avanzada, tienden a presentar niveles más elevados de colesterol. Sin embargo, durante años existió un vacío de información sobre cómo afectaba esta bebida a la población más joven.
Un estudio publicado en 2018 decidió llenar ese hueco al rastrear los hábitos de consumo de personas de entre 18 y 24 años durante una semana completa, comparando la cantidad de café ingerido con sus perfiles lipídicos. Los resultados fueron contundentes: a mayor consumo de ciertos tipos de café, mayor era el colesterol de los participantes.
El verdadero peligro: cómo preparas el café
Aunque el debate científico sobre el café puro continúa abierto, existe un consenso absoluto respecto a los acompañantes. Las grasas saturadas son enemigas declaradas del colesterol, y muchas de ellas terminan disueltas en el café matutino sin que nos demos cuenta.
La nata, la media crema y las preparaciones con leche entera aportan cantidades considerables de grasa saturada que elevan directamente los niveles de LDL, independientemente de cómo se haya preparado el café base.
Tampoco hay que subestimar el auge de las bebidas dulces que inundan las cafeterías modernas. Esas mezclas espumosas cubiertas de caramelo y jarabes tienen más en común nutricionalmente con un batido industrial que con una taza de café tradicional. Además del azúcar, suelen contener ingredientes lácteos ricos en grasas.
Moderación y conocimiento: la fórmula infalible
La conclusión para el café y el colesterol no dista de la recomendación general para la mayoría de los alimentos y bebidas: disfrutarlo con medida, prestar atención al método de elaboración y conocer a detalle los ingredientes que se incorporan. Para los amantes del espresso o de los métodos artesanales sin filtro, la sugerencia no es eliminarlos por completo, sino reducir su frecuencia y combinarlos con opciones filtradas.
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