La sardina es un pescado que nos ofrece grandes beneficios tanto para nuestra salud como para nuestra economía. Son deliciosas por sí mismas, y aportan a nuestro cuerpo vitaminas A, B y D, minerales como el calcio, fósforo, potasio, zinc, yodo, hierro y magnesio. Son bajas en en calorías y ayudan a equilibrar los niveles de grasas saturadas de nuestra dieta habitual. Pero, ¿pueden las sardinas ayudar con la diabetes?
De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, es uno de los pescados más consumidos en México, con un consumo promedio de 5.7 kilos al año por mexicano; esto se debe a que la sardina se encuentra disponible en el mercado nacional todo el año, ya sea fresca o enlatada. Pues puede incorporarse a nuestra dieta de varias maneras, ya sea frita, a la plancha, a la barbacoa, en espeto (brocheta a la parrilla con verduras), guisado o escabechado.
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¿Pueden las sardinas ayudar con la diabetes?
Ahora que ya sabes cómo incorporarlas a tu dieta, que es un pescado económico y disponible durante todo el año en México, tienes que saber que, sí, el consumo regular de sardinas tiene un efecto preventivo ante la diabetes tipo 2, reveló una investigación de Clinic Barcelona.
“Un estudio liderado por Diana Díaz Rizzolo, del grupo del IDIBAPS 'Investigación traslacional en diabetes, lípidos y obesidad', e investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha mostrado que el consumo regular de sardinas tiene un efecto preventivo ante la diabetes tipo 2”, publicó esta clínica.
La conclusión principal de esta investigadora señala que: “El consumo de sardina no solo es asequible económicamente y fácil de encontrar, sino que es seguro y preventivo ante la diabetes tipo 2. Es un gran descubrimiento científico. Es fácil recomendar su consumo desde la consulta médica y asumible por parte de la población”.
Este fue el impacto de comer dos latas de sardinas a la semana
De acuerdo con esta investigación, el estudio incluyó 152 pacientes de tres centros de atención primaria de 65 años o más con prediabetes (con unos niveles de glucemia en ayunas entre 100-124 mg/dl). Todos los pacientes entraron en un programa nutricional enfocado a disminuir el riesgo de padecer la enfermedad, pero solo el grupo de intervención añadió a su dieta 200 gramos semanales de sardinas (dos latas de sardinas con aceite de oliva).
Para facilitar su consumo, y gracias a la colaboración de la Fundación Alicia, los participantes recibieron un libro de recetas a base de sardinas en lata. Se aconsejó que se comiera la sardina entera, es decir, sin sacar el esqueleto, dado que esta parte es especialmente rica en calcio y vitamina D.
- El grupo que no incluyó sardinas en la dieta empezó con un 27% de personas con un riesgo muy alto de sufrir diabetes (medido a través del cuestionario FINDRISC), y después de un año un 22% seguía en esa clasificación.
- Por otro lado, el grupo que tomó sardinas tenía un 37% de participantes con un riesgo alto al iniciar el estudio, y después de un año solo un 8% seguían teniendo un riesgo muy alto.
Pero no solo eso, consumir dos latas de sardinas a la semana demostró que mejoraron otros parámetros bioquímicos importantes, como la disminución del índice de resistencia a la insulina (HOMA-IR) y el aumento del colesterol bueno (HDL) y de las hormonas que mejoran el metabolismo de la glucosa (adiponectina), además de disminuir los triglicéridos y la presión arterial, entre otros parámetros.
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