La demencia es uno de los espectros más temidos del envejecimiento, y la búsqueda de estrategias para prevenirla o retrasarla no cesa. En ese camino, un estudio a gran escala realizado en Japón ha puesto el foco en un alimento tan cotidiano como el queso, sugiriendo que su consumo regular podría estar vinculado con una menor probabilidad de deterioro cognitivo en la vejez.
Aunque los investigadores subrayan que no se trata de una cura ni de una garantía, los hallazgos abren una puerta esperanzadora en el campo de la nutrición preventiva.
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Comer queso puede ayudar a prevenir la demencia
La investigación, publicada en la revista Nutrients, fue llevada a cabo por el Centro Nacional de Geriatría y Gerontología, la Universidad de Niimi y la Universidad de Chiba. Los científicos analizaron datos del Estudio de Evaluación Gerontológica de Japón (JAGES) recopilados entre 2019 y 2022, conformando una muestra representativa de 7,914 personas de 65 años o más.
El objetivo era claro: observar si existía una relación entre el consumo de queso y la incidencia de demencia, y los resultados terminaron por sorprender incluso a los propios autores.
Los participantes fueron divididos en dos grupos bien definidos: quienes consumían queso al menos una vez por semana y quienes no lo incluían en su alimentación. Para garantizar la solidez del análisis, los investigadores consideraron variables como la edad, el sexo, los ingresos económicos, el nivel educativo, el estado de salud general y las capacidades funcionales de cada persona. Este ajuste permitió aislar, en la medida de lo posible, el efecto específico del queso sobre la función cognitiva.
Los números hablaron por sí solos. A lo largo de los tres años de seguimiento, 134 personas del grupo consumidor de queso desarrollaron demencia, lo que equivale al 3.4% del total. En contraste, 176 integrantes del grupo no consumidor recibieron ese diagnóstico, representando un 4.5%. La diferencia se traduce en una reducción del 24% en el riesgo relativo de padecer demencia. Incluso después de ajustar por los hábitos alimentarios generales de los participantes, la reducción del riesgo se mantuvo en un sólido 21%, lo que sugiere un efecto protector del queso que va más allá de simplemente llevar una dieta equilibrada.
Los nutrientes que blindan el cerebro
¿Qué tiene el queso que podría explicar esta asociación? Los investigadores identificaron varios mecanismos biológicos posibles. En primer lugar, el queso es una fuente rica en vitamina K2, un nutriente que desempeña un papel crucial en la salud vascular y en el metabolismo del calcio. Ambos procesos están directamente vinculados con la prevención de trastornos cognitivos, ya que una buena circulación cerebral y una correcta regulación del calcio neuronal son esenciales para mantener la memoria y las funciones ejecutivas en buen estado.
Además, el queso aporta proteínas y aminoácidos esenciales que favorecen el funcionamiento y la reparación de las neuronas. Durante el proceso de fermentación, se liberan ciertos péptidos bioactivos que podrían ejercer efectos antiinflamatorios y antioxidantes en el organismo, combatiendo el estrés oxidativo que acelera el envejecimiento cerebral. Un dato curioso del estudio es que la mayoría de los participantes consumía queso procesado, menos rico en probióticos que los quesos curados, lo que sugiere que los beneficios podrían derivar de otros componentes lácteos aún no identificados o del efecto acumulativo de la dieta en su conjunto.
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