AUDICIÓN Y SALUD MENTAL

Escuchar para recordar en los síndromes demenciales

Dr. Peña: la visión, la audición, el olfato, el gusto y el tacto no son simples “accesorios” de la cognición. Son la puerta de entrada a la estimulación cerebral, a la interacción social y a la construcción de la realidad

Un estudio publicado en la revista Neurology muestra que las personas que utilizaron auxiliares auditivos presentaron un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia en comparación con quienes no los usaron.
Audición y demencia.Un estudio publicado en la revista Neurology muestra que las personas que utilizaron auxiliares auditivos presentaron un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia en comparación con quienes no los usaron.Créditos: Canva
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Durante años, cuando hablamos de deterioro cognitivo y demencia, el foco ha estado casi exclusivamente en las neuronas, las placas, los neurotransmisores y la memoria. Sin embargo, cada vez es más evidente que el cerebro no funciona en el vacío: interpreta el mundo a través de los órganos de los sentidos. Cuando esa información llega distorsionada, incompleta o empobrecida, el cerebro también se ve afectado.

La visión, la audición, el olfato, el gusto y el tacto no son simples “accesorios” de la cognición. Son la puerta de entrada a la estimulación cerebral, a la interacción social y a la construcción de la realidad. En pacientes con deterioro cognitivo, una mala percepción sensorial puede acelerar la confusión, el aislamiento, la apatía y la pérdida de funcionalidad. Por el contrario, mejorar estas percepciones puede traducirse en una mejor orientación, mayor participación social y una sensación subjetiva de mayor claridad mental.

Un ejemplo muy claro es la audición. La pérdida auditiva es extremadamente frecuente en adultos mayores y durante mucho tiempo fue considerada un problema “menor” o simplemente parte del envejecimiento. Hoy sabemos que no es así. La evidencia científica la reconoce como uno de los factores de riesgo modificables más importantes para el desarrollo de demencia.

Un estudio publicado recientemente en la revista Neurology analizó durante siete años a adultos mayores con pérdida auditiva moderada y evaluó el impacto del uso de auxiliares auditivos en la cognición y el riesgo de demencia. Los resultados son contundentes: las personas que utilizaron auxiliares auditivos presentaron un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia en comparación con quienes no los usaron. Además, mientras más frecuente era el uso del auxiliar auditivo, mayor era la reducción del riesgo.

¿Por qué ocurre esto? Existen varias explicaciones. La primera es la llamada “privación sensorial”: cuando el cerebro recibe menos estímulos auditivos, ciertas áreas corticales se atrofian o se reorganizan de forma poco eficiente. La segunda es el aumento de la carga cognitiva: escuchar mal obliga al cerebro a hacer un esfuerzo extra para entender, restando recursos a funciones como la memoria y la atención. Y la tercera, quizá la más importante en la vida diaria, es el aislamiento social. Oír mal lleva a conversar menos, a evitar reuniones y, en consecuencia, a perder uno de los estímulos más potentes para el cerebro humano: el contacto con otros.

Desde la práctica clínica, esto nos obliga a cambiar el enfoque. En pacientes con deterioro cognitivo no basta con prescribir medicamentos o ejercicios de memoria. Es fundamental evaluar y corregir de forma activa los déficits sensoriales. Revisar la audición, indicar auxiliares auditivos cuando están indicados, asegurar una buena corrección visual y optimizar el entorno sensorial puede marcar una diferencia real en la evolución del paciente.

Cuidar los sentidos es cuidar el cerebro. A veces, una intervención aparentemente simple —como escuchar mejor— puede convertirse en una poderosa herramienta para preservar la cognición, la autonomía y la calidad de vida. En salud mental y cerebral, no todo pasa por el fármaco: muchas veces empieza por volver a percibir el mundo con mayor claridad.