La capacidad de sorprenderse es una de las características más genuinas de la infancia. Los niños pueden maravillarse con lo más simple: una mariposa volando, un truco de magia o incluso el sonido de la lluvia. Pero, ¿por qué perdemos la capacidad de sorprendernos cuando crecemos? Existen varios factores.
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¿Por qué perdemos la capacidad de sorprendernos cuando crecemos?
Según principios de psicología y neurociencia, a medida que crecemos, la capacidad de sorprendernos parece disminuir, explica ABC Ciencia. Mientras que otros factores son:
1. El cerebro se acostumbra a los estímulos. Cuando somos pequeños, todo es nuevo. Nuestro cerebro está en constante aprendizaje y cada experiencia es una oportunidad para descubrir algo desconocido. Sin embargo, con el tiempo, acumulamos conocimientos y vivimos experiencias repetitivas que reducen el impacto de la sorpresa. Nos acostumbramos a nuestro entorno y dejamos de notar lo extraordinario en lo cotidiano.
2. Rutina y automatización. La adultez suele estar marcada por la rutina: trabajo, responsabilidades y tareas diarias. Estas dinámicas nos llevan a automatizar muchas de nuestras acciones, reduciendo la atención plena en lo que hacemos. Al estar inmersos en la monotonía, dejamos de buscar activamente experiencias nuevas o diferentes que puedan sorprendernos.
3. Mayor conocimiento y pensamiento racional. A medida que crecemos, nuestro pensamiento se vuelve más analítico y racional. Entendemos mejor cómo funciona el mundo y, por lo tanto, disminuyen los misterios y las incógnitas que podrían sorprendernos. Esto es especialmente cierto en relación con fenómenos que antes nos parecían mágicos o inexplicables, como los trucos de ilusionismo o las historias fantásticas.
4. Estrés y preocupaciones. Las preocupaciones de la vida adulta, como las responsabilidades financieras, laborales o familiares, desvían nuestra atención de la curiosidad y el asombro. Cuando nuestra mente está ocupada con el estrés, es más difícil estar presentes en el momento y sorprendernos por lo que nos rodea.
5. Exposición constante a información. En la era digital, estamos expuestos a una cantidad abrumadora de información a través de redes sociales, noticias y entretenimiento. Este bombardeo constante hace que nos volvamos menos sensibles a las novedades, ya que pocas cosas nos resultan realmente desconocidas.
Sin embargo y pese a la edad, es posible cultivar la capacidad de sorprendernos. La clave está en ejercitar la curiosidad, salir de la rutina, practicar la atención plena y buscar experiencias nuevas. Por ejemplo, viajar, aprender cosas distintas y mirar el mundo con la mente abierta pueden ayudarnos a reencontrarnos con la sorpresa fuera de lo cotidiano.