A simple vista, podría parecer el set de una película de ciencia ficción. En una sala del Instituto Nacional de Cancerología (INCan), un cirujano no se encuentra inclinado sobre su paciente, sino cómodamente sentado en una consola, con los ojos pegados a un visor y los dedos controlando con precisión milimétrica cuatro brazos robóticos. Esta es la nueva realidad en una de las instituciones de salud más importantes del país: la cirugía asistida por robot ya es un hecho y está transformando la vida de los pacientes oncológicos.
Para entender cómo funciona esta tecnología y el impacto que está teniendo, en SuMédico entrevistamos a la Dra. Itzel Vela, coordinadora del programa de cirugía robótica del INCan, explicó que el sistema robótico Da Vinci no es más que una cirugía asistida por robot.
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“Es bien importante poner en contexto que el cirujano es el que hace la cirugía, no el robot. La plataforma robótica es una herramienta que potencia nuestras habilidades".
¿Cómo funciona el robot Da Vinci?
La Dra. Vela explica que la plataforma se compone de tres partes fundamentales. La primera es la consola, donde el cirujano se sienta y opera. La segunda es un carro con brazos robóticos que se acoplan a cuatro pequeñas incisiones de 8 milímetros (trócares) hechas en el paciente. A través de estos tubitos, entran las pinzas quirúrgicas y una cámara de alta definición. La tercera es una torre con una pantalla que permite al resto del equipo de quirófano seguir el procedimiento.
"Lo que ve el cirujano en la consola es espectacular", destaca Vela. "Todo lo vemos en alta definición, en tercera dimensión y 10 veces magnificado. Es como si mi cara estuviera inmersa dentro del cuerpo del paciente, lo que me permite identificar mucho mejor las estructuras anatómicas".
A esta visión privilegiada se suman pinzas completamente articuladas con 360 grados de movimiento, que eliminan el temblor natural de la mano humana. "En la laparoscopia es como si operáramos con las manos enyesadas; el robot nos da una precisión y una comodidad ergonómica inigualables", compara la doctora.
300 cirugías de alta complejidad en año y medio
El programa de cirugía robótica en el INCan arrancó el 2 de agosto de 2024 con una plataforma Da Vinci XI, la más avanzada en el país. Desde entonces, el crecimiento ha sido exponencial.
"Inicialmente éramos cinco cirujanos robóticos con experiencia certificada, lo que permitió que el programa avanzara rápido", comenta la Dra. Vela. "Hemos certificado a tres cirujanos más y, entre todas las especialidades, estamos por llegar a las 300 cirugías".
Estos procedimientos no son menores. Se trata de cirugías oncológicas de máxima complejidad en áreas como tórax, recto, urología (específicamente cáncer de próstata), ginecología (cáncer de endometrio), hígado y, recientemente, estómago y esófago. "Escogemos los casos donde realmente el robot puede lucir y dar un beneficio extra al paciente", puntualiza.
Beneficios tangibles: del quirófano a la vida diaria
Los resultados observados en estos casi 300 pacientes son contundentes y se traducen en una mejor calidad de vida. La cirugía robótica, al ser mínimamente invasiva, contrasta radicalmente con la cirugía abierta tradicional.
"Para empezar, la incisión cambia por completo. No es lo mismo cuatro heridas de 8 mm que una incisión de 25 a 30 centímetros. Eso reduce drásticamente el dolor postoperatorio, el riesgo de infección y la posibilidad de hernias futuras", señala la especialista.
Además, indica que el sangrado promedio durante estas cirugías es de apenas 50 a 60 mililitros, frente a los 200 o 500 ml de una cirugía abierta, lo que disminuye la necesidad de transfusiones.
"La mayoría de nuestros pacientes son operados y al día siguiente, o máximo en 48 horas, ya están caminando, comiendo y son egresados del hospital", afirma con satisfacción la Dra. Vela.
Esta pronta recuperación tiene un impacto profundo: "En una semana, el paciente puede estar reintegrándose a su vida diaria y, en muchos casos, listo para continuar con tratamientos oncológicos adyuvantes como la quimioterapia, lo que mejora su pronóstico global".
Preservando la función, no solo extirpando el tumor
La precisión del robot alcanza su máxima expresión en áreas anatómicamente complejas como la pelvis. En cirugías de cáncer de próstata o recto, donde se encuentran los nervios que controlan la función urinaria, sexual y fecal, la visión magnificada y tridimensional del Da Vinci es crucial. "Nos permite ver las ramas nerviosas y encontrar planos anatómicos claros para lograr una resección completa del tumor sin lastimar los tejidos sanos. Esto no solo garantiza un buen procedimiento oncológico, sino una excelente calidad de vida para el paciente", explica la especialista.
En cirugía de tórax, la precisión permite operar cerca del corazón, compensando su constante movimiento y aumentando la seguridad en una zona de alto riesgo vital.
Rompiendo el paradigma de la medicina "elitista"
Tradicionalmente, la cirugía robótica se ha asociado a la medicina privada. El INCan está derribando ese mito. Todos los pacientes operados son personas sin seguridad social (IMSS, ISSSTE) y de bajos recursos, los más vulnerables de la población mexicana.
"Nos sentimos muy orgullosos de poder ofrecer esta tecnología de vanguardia a quienes más lo necesitan", enfatiza la Dra. Vela. El proceso de acceso es el mismo que para cualquier paciente del instituto. Tras un diagnóstico y una evaluación multidisciplinaria, se determina si la cirugía robótica ofrece un beneficio real para su caso particular. "No todos los tumores son candidatos; la cirugía abierta y laparoscópica siguen siendo estándares de tratamiento excelentes. Pero para quienes sí lo son, el tiempo de espera es de aproximadamente tres a cuatro semanas".
Un esfuerzo de equipo y una mirada al futuro
Implementar un programa de esta magnitud en una institución pública es un desafío colosal que va más allá de los cirujanos. "Se necesitó entrenar a todo el equipo: enfermeras, ingenieros biomédicos, residentes, y adecuar la logística administrativa y de quirófano", reconoce la doctora. "Gracias al apoyo de la dirección, del Dr. Martínez Saiz, y a un equipo de líderes de opinión en cada especialidad (como los doctores Corona, Melchor, Takahashi, Isla, Jiménez Ríos y muchos otros), hemos logrado consolidar un programa robusto y eficiente".
Mirando hacia el futuro, la Dra. Vela visualiza una expansión imparable de la cirugía robótica en México, impulsada por la llegada de nuevas plataformas que generarán competencia y reducirán costos. "La cirugía robótica ya no es el futuro, está sucediendo hoy. Y lo que viene en los próximos 3 a 5 años es su integración con la inteligencia artificial. Eso sí será una verdadera revolución".
Un mensaje de esperanza
"Lo importante es que la gente sepa que en el INCAN tenemos la misma máxima tecnología que en el mejor hospital privado del país. Y que está al servicio de los pacientes más vulnerables. No todos serán operados con robot, porque no todos lo necesitan, pero todos recibirán la mejor estrategia oncológica para su caso. El objetivo final, sin importar la herramienta, es siempre el mismo: el bienestar y la mejor calidad de vida para nuestros pacientes", concluye la Dra. Itzel Vela.
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