La idea de que el envejecimiento está escrito en los genes es un mito que la ciencia ha ido desmontando. Según especialistas del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA) de Estados Unidos, si bien la genética influye, muchos de los factores que determinan cómo envejecemos están bajo nuestro control. La buena noticia es que adoptar hábitos saludables no solo alarga la vida, sino que también mejora su calidad, comprimiendo los años de discapacidad al final de la vida.
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Pero, así como hay acciones que protegen, otras pueden acelerar el proceso de envejecimiento. La evidencia científica ha identificado varios hábitos cotidianos que se asocian con un mayor riesgo de enfermedades crónicas, deterioro cognitivo y pérdida de funcionalidad:
- Vida sedentaria
Pasar largas horas sentado frente al televisor, en el trabajo o en casa es uno de los hábitos más dañinos. Un estudio publicado en JAMA Network Open que siguió a más de 45 mil mujeres durante 20 años, encontró que cada incremento de dos horas diarias frente al televisor se asoció con una reducción del 12% en las probabilidades de alcanzar un envejecimiento saludable.
- Malas noches de sueño
Dormir menos de seis horas por noche no solo afecta el estado de ánimo; también acelera el envejecimiento cerebral. Investigaciones que analizaron datos de casi 8 mil personas mostraron que quienes dormían seis horas o menos en sus 50 y 60 años tenían un mayor riesgo de desarrollar demencia más adelante.
- Llevar una alimentación rica en ultraprocesados
La dieta es un pilar fundamental del envejecimiento saludable. Las investigaciones respaldadas por el NIA destacan que patrones como la dieta mediterránea o la dieta MIND —ricas en frutas, verduras de hoja verde, pescado y grasas saludables— se asocian con una mejor cognición y menor riesgo de enfermedades cardíacas.
- Estrés crónico sin manejo
El estrés prolongado es uno de los "factores olvidados" del envejecimiento acelerado. Cuando el cuerpo está constantemente en estado de alerta, los niveles elevados de cortisol dañan el colágeno, debilitan el sistema inmunológico y aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas y metabólicas.
- Aislamiento social
El impacto de la soledad en la salud es comparable al del tabaquismo o la obesidad. Las personas mayores que carecen de conexiones significativas tienen mayor riesgo de depresión, enfermedades cardíacas y deterioro cognitivo.
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