¿Envejeces más rápido si vives en Asia o en Europa? La respuesta, al parecer, no depende solo de tus genes ni únicamente de tu dirección: es la combinación de ambos factores lo que marca el ritmo al que envejecen tus células. Un estudio internacional liderado por la Universidad de Stanford y publicado en la revista Cell encontró indicios de que la geografía y la genética interactúan de formas complejas, influyendo directamente en el envejecimiento biológico.
Según los investigadores, no basta con saber de dónde vienes; para entender cómo envejece tu cuerpo también importa dónde vives hoy. Y mudarse de continente, descubrieron, se asoció con diferencias significativas en el envejecimiento celular. El análisis forma parte de uno de los retratos moleculares más completos jamás realizados sobre cómo el entorno y la ascendencia moldean nuestra biología.
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Un retrato molecular de la diversidad humana
El equipo analizó a 322 personas sanas de ascendencia europea, asiática oriental y sudasiática, muchas de ellas reclutadas en conferencias científicas internacionales. El diseño del estudio fue clave: compararon a personas con el mismo origen genético pero que vivían en continentes distintos. Así lograron distinguir qué rasgos biológicos dependen más de la genética y cuáles del entorno.
Para ello utilizaron herramientas de "multiómica", una técnica que examina simultáneamente datos genéticos, proteínas, microbioma intestinal y procesos metabólicos. Según Michael Snyder, citado por la Universidad de Mánchester, es la primera vez que se elabora "un perfil detallado de personas de todo el mundo" capaz de separar la influencia de la ascendencia de la de la geografía.
La huella persistente de la genética
El primer gran hallazgo confirma que la ascendencia genética deja una marca biológica profunda y sorprendentemente estable. Las personas de origen sudasiático mostraron mayores señales de exposición a patógenos; las de ascendencia asiática oriental, patrones distintivos en el metabolismo de las grasas; y las de origen europeo, una mayor diversidad microbiana intestinal junto con niveles más altos de metabolitos asociados a enfermedades cardiovasculares.
Lo más llamativo es que estos patrones se mantenían incluso cuando los participantes vivían en continentes distintos a los de sus ancestros. "Nos llamó la atención la forma tan consistente en que el origen étnico influía en la inmunidad, el metabolismo y el microbioma, incluso tras mudarse a miles de kilómetros", explicó el coautor Richard Unwin, de la Universidad de Mánchester.
Emigrar podría influir en el envejecimiento biológico
Pero el continente donde vivimos también deja su marca. Residir lejos del lugar de origen de los antepasados se asoció a cambios importantes en redes metabólicas, lípidos y composición del microbioma intestinal. El entorno —dieta, contaminación, estrés o acceso a la sanidad— modifica parte del "guion" molecular, aunque sin borrar del todo la versión original.
El resultado más sorprendente apareció al analizar el envejecimiento celular. Los participantes de ascendencia asiática oriental que vivían fuera de Asia mostraban un envejecimiento más acelerado que quienes permanecían en la región. En cambio, los europeos que residían fuera de Europa parecían biológicamente más jóvenes que sus equivalentes en el continente. Es decir, emigrar puede acelerar o ralentizar el envejecimiento según quién eres y a dónde te mudas.
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