A pesar de los avances en el tratamiento y la prevención, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo. La buena noticia es que muchos de los factores de riesgo son modificables. Conocerlos es el primer paso para adoptar un estilo de vida que proteja tu corazón.
La Asociación Americana del Corazón (AHA) ha identificado ocho componentes esenciales para la salud cardiovascular, conocidos como Life's Essential 8, que incluyen hábitos de vida y factores de salud medibles.
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Las malas prácticas que aumentan la probabilidad de sufrir un infarto
La evidencia científica es clara: adoptar una dieta saludable, mantenerse activo, evitar el tabaco y controlar el peso, la presión arterial, el colesterol y el azúcar en sangre son pilares fundamentales para prevenir un infarto.
En cambio, estas son las malas prácticas en tu estilo de vida aumentan la probabilidad de sufrir un infarto:
- Sedentarismo y la falta de actividad física
Pasar largas horas sentado, ya sea por trabajo o por ocio, se ha convertido en un grave problema de salud pública. La inactividad física reduce el funcionamiento normal del corazón y la capacidad de los vasos sanguíneos para relajarse, lo que aumenta la rigidez arterial y la presión arterial. Esto incrementa directamente el riesgo de sufrir un ataque cardíaco. De hecho, estar sentado diez o más horas al día se asocia a un riesgo significativamente mayor de muerte, especialmente en personas físicamente inactivas.
- Fumar y tomar alcohol
El consumo de tabaco es uno de los factores de riesgo más conocidos y mortales. Las sustancias tóxicas del humo dañan el delicado revestimiento de los vasos sanguíneos, provocando inflamación y rigidez arterial, lo que obliga al corazón a trabajar más.
El alcohol, por su parte, es un tóxico para el tejido cardíaco. Estudios recientes desmienten la idea de que un consumo moderado sea beneficioso, y sugieren que incluso cantidades ligeras contribuyen a la hipertensión y al aumento del riesgo de enfermedad coronaria.
- Estrés crónico y la privación del sueño
Dos factores emergentes que están ganando atención son el estrés crónico y la falta de sueño. Un estudio realizado en pacientes jóvenes con enfermedad arterial coronaria encontró una fuerte asociación entre el desarrollo temprano de la enfermedad y el estrés, así como la privación de sueño (menos de 6-7 horas diarias).
Situaciones de estrés laboral, pérdidas o conflictos personales se han identificado como desencadenantes de un infarto, al aumentar la actividad del sistema nervioso simpático y liberar hormonas proinflamatorias.
De igual forma, la Asociación Americana del Corazón recomienda dormir entre 7 y 9 horas diarias para la mayoría de los adultos, ya que el sueño adecuado promueve la recuperación y reduce el riesgo de enfermedades crónicas. La adicción al teléfono móvil, con sus largas horas de uso, se ha relacionado con un aumento del sedentarismo, el estrés y la privación del sueño, creando un círculo vicioso que perjudica la salud cardiovascular.
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