Yulissa Lizeth tenía 19 años y el pasado 8 de agosto salió de un establecimiento en Saltillo, Coahuila, donde se había realizado un arreglo de uñas pero poco después se desvaneció mientras caminaba y murió.
Durante días, el caso generó dudas sobre qué había ocurrido, pero finalmente este lunes, el resultado de la necropsia estableció la causa médica de su muerte: Yulissa murió por un infarto agudo al miocardio.
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A partir de eso, una pregunta que ronda este casto es ¿cómo puede ocurrir un infarto a los 19 años?
Aunque la edad es uno de los factores que influyen en el riesgo cardiovascular, los jóvenes no son inmunes a un infarto. Los factores que dañan las arterias y el corazón pueden aparecer mucho antes de la tercera edad y, en determinadas circunstancias, acelerar la aparición de una enfermedad cardiovascular.
Un infarto también puede ocurrir a los 20 o 30 años
Modern Heart & Vascular advierte que los infartos de miocardio pueden producirse a cualquier edad y entre los factores relacionados con un infarto prematuro se encuentran la hipertensión arterial, colesterol elevado, obesidad, diabetes, tabaquismo, un estilo de vida poco saludable y determinadas enfermedades genéticas.
Esto significa que tener 19, 20 o 30 años no elimina por sí mismo el riesgo, por lo que la enfermedad cardiovascular puede comenzar a desarrollarse mucho antes de que una persona tenga la edad que tradicionalmente se relaciona con los infartos.
En algunos casos existen varios factores al mismo tiempo: una persona puede tener presión arterial elevada, colesterol alto y sobrepeso; otra puede tener diabetes y antecedentes familiares; alguien más puede fumar y llevar una vida sedentaria.
Diabetes: un factor que puede aparecer cada vez más temprano
Uno de los problemas que preocupa a los especialistas es el aumento de la diabetes tipo 2 entre personas jóvenes. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), una persona con diabetes tiene aproximadamente el doble de riesgo de desarrollar una enfermedad cardiaca.
Los niveles elevados de glucosa pueden dañar los vasos sanguíneos y los nervios que ayudan al corazón a funcionar. Con el tiempo, este daño puede favorecer la enfermedad coronaria, que ocurre cuando las arterias que llevan sangre al corazón se estrechan o se obstruyen.
Además, la diabetes suele coexistir con otros factores de riesgo, entre ellos hipertensión y obesidad.
Por eso, una alteración de glucosa que aparece a edades tempranas no debe considerarse un problema exclusivo del futuro. También tiene implicaciones para la salud cardiovascular presente.
La presión alta y el colesterol no siempre dan síntomas
Hay dos factores de riesgo que pueden avanzar de manera silenciosa: la hipertensión y el colesterol elevado. Una persona puede sentirse bien, hacer su vida cotidiana y no tener ningún síntoma evidente mientras mantiene cifras elevadas de presión arterial.
Algo similar puede ocurrir con el colesterol, el problema es que, con el tiempo, estos factores pueden contribuir al deterioro de las arterias y favorecer la formación de placas de ateroma. Si una arteria coronaria se obstruye, el corazón deja de recibir suficiente oxígeno y puede producirse un infarto.
Por eso, la prevención cardiovascular no consiste únicamente en reaccionar cuando aparece dolor en el pecho. También implica conocer los propios niveles de presión arterial, glucosa y colesterol.
¿Vapear también representa un riesgo?
Los cigarrillos electrónicos tampoco pueden considerarse inocuos para el corazón. Los vapeadores pueden contener nicotina y otras sustancias capaces de afectar al sistema cardiovascular. La nicotina puede elevar la frecuencia cardiaca y la presión arterial.
Modern Heart & Vascular cita investigaciones que han encontrado una asociación entre el vapeo y un mayor riesgo de infarto en comparación con quienes no vapean.
Esto resulta relevante entre adolescentes y adultos jóvenes, un grupo en el que el consumo de estos productos puede normalizarse bajo la idea de que representan un riesgo menor o inexistente.
La genética también puede jugar un papel
Desafortunadamente no todo depende de los hábitos, pues los antecedentes familiares pueden indicar una predisposición a desarrollar enfermedad cardiovascular de manera prematura.
Modern Heart & Vascular considera relevante, por ejemplo, tener un familiar varón de primer grado- padre, hermano o hijo- que haya sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular antes de los 55 años.
En el caso de una familiar mujer de primer grado- madre, hermana o hija-, el antecedente antes de los 65 años también puede ser una señal de riesgo.
La genética no puede modificarse, pero conocer los antecedentes familiares permite identificar a las personas que podrían requerir una vigilancia cardiovascular más estrecha.
En las mujeres, los síntomas pueden ser diferentes
El caso de Yulissa evidencia además que las enfermedades cardiovasculares no son un problema exclusivo de los hombres.
La Fundación Española del Corazón señala que las enfermedades cardiacas constituyen la principal causa de muerte entre las mujeres.
Los síntomas clásicos de un infarto incluyen dolor u opresión en el centro del pecho, una molestia que puede extenderse hacia los brazos, cuello, mandíbula o espalda, además de sudoración, náuseas y dificultad para respirar.
Pero en las mujeres la presentación puede ser menos evidente: pueden aparecer náuseas, vómitos, indigestión, dolor en la parte central de la espalda o molestias en la mandíbula.
Ese tipo de síntomas puede hacer que una mujer piense que tiene un problema digestivo, cansancio o estrés y espere a que pase, siendo así uno de los principales riesgos: normalizar una señal que podría corresponder a una emergencia cardiovascular.
El tiempo es clave ante un infarto
Cuando una arteria que alimenta al corazón se bloquea, el músculo cardiaco comienza a quedarse sin oxígeno, entonces las células empiezan a dañarse y, mientras más tiempo permanezca interrumpido el flujo sanguíneo, mayor puede ser el daño.
Por eso, ante una sospecha de infarto no se debe esperar a que el dolor sea insoportable o desaparezca por sí solo.
La Fundación Española del Corazón recomienda solicitar ayuda médica de forma ante un dolor torácico opresivo que persista, especialmente si dura más de 10 minutos. También se debe prestar atención cuando el dolor o malestar aparece junto con dificultad para respirar, sudoración, náuseas, dolor en la espalda, mandíbula o brazos.
¿Por qué las mujeres pueden llegar más tarde a recibir atención?
La identificación tardía de los síntomas es uno de los problemas que afectan el pronóstico del infarto en las mujeres.
De acuerdo con la Fundación Española del Corazón, las mujeres pueden tardar más que los hombres en solicitar atención médica cuando sufren un infarto debido justamente a que los síntomas son menos reconocibles y en que tanto la paciente como quienes la rodean pueden minimizar lo que está ocurriendo.
Además, las mujeres suelen desarrollar enfermedad coronaria aproximadamente una década después que los hombres y pueden llegar al evento cardiovascular con otras enfermedades asociadas.
La prevención cardiovascular según los especialistas, comienza mucho antes de que aparezca un problema. Modern Heart & Vascular recomienda actuar sobre los factores de riesgo antes de que se conviertan en enfermedades difíciles de controlar y esto incluye mantener actividad física regular, llevar una alimentación saludable, controlar el peso, vigilar la presión arterial y conocer los niveles de colesterol y glucosa.
La Asociación Americana del Corazón recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada en adultos.
