Morderse las uñas, cuyo nombre médico es onicofagia, es un hábito que suele comenzar en la infancia y puede extenderse hasta la edad adulta. A menudo se minimiza como un simple "nerviosismo", pero lo cierto es que esta conducta repetitiva puede tener consecuencias reales y, en algunos casos, permanentes para la salud.
Lejos de ser inofensivo, el acto de morder la uña y la cutícula abre una puerta de entrada a bacterias y virus, daña la estructura de la uña y puede incluso afectar la dentadura.
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Las consecuencias para la salud de morderse las uñas
Los especialistas en dermatología del Manual MSD han documentado una serie de complicaciones que van desde infecciones dolorosas hasta cambios irreversibles en la forma de los dedos:
- Deformidades permanentes en las uñas (distrofia)
Cuando el morderse las uñas se vuelve crónico, el daño no es solo superficial. Este hábito altera la "matriz" de la uña (la raíz donde crece), generando una inflamación constante que deriva en lo que los médicos llaman distrofia. Esto se traduce en uñas con crestas horizontales, depresiones, zonas elevadas e incluso un acortamiento permanente, ya que el lecho ungueal se queratiniza.
Las cutículas, que actúan como un sello protector, casi siempre terminan dañadas, rompiendo la barrera natural contra el agua y las infecciones. En los casos más graves, el tejido cicatriza afecta tanto la cutícula como la matriz, haciendo que la deformidad sea irreversible.
- Infecciones bacterianas
Las pequeñas heridas abiertas que deja el morderse las uñas son un imán para las bacterias. Las más comunes son los estafilococos y estreptococos, aunque también puede aparecer la Pseudomonas aeruginosa. Esta invasión bacteriana puede llevar a la formación de abscesos (bolsas de pus) alrededor de la uña. Estas infecciones son extremadamente dolorosas y, si no se drenan quirúrgicamente a tiempo, pueden provocar la pérdida permanente de la uña.
- Infecciones virales (verrugas) difíciles de erradicar
El virus del papiloma humano (VPH), responsable de las verrugas comunes, encuentra en el hábito de morderse las uñas una vía de entrada perfecta. Las microgrietas alrededor de la uña permiten que el virus se instale, causando verruga periungueales o subungueales.
Estas lesiones no solo son antiestéticas y angustiosas para quien las padece, sino que son notoriamente difíciles de tratar y erradicar. Además, se propagan con facilidad entre los dedos y, al llevarse los dedos a la boca, también pueden transmitirse a los labios y la cavidad oral.
- Problemas dentales y de la cavidad oral
Morderse las uñas ejerce una presión anormal y constante sobre los dientes, lo que puede provocar desgaste, astillamiento del esmalte, dislocación de la mandíbula e incluso el desplazamiento de la posición de las piezas dentales. Además, el hábito incrementa significativamente el riesgo de enfermedades de las encías (gingivitis) y facilita la transferencia de bacterias de las uñas a la boca, aumentando la probabilidad de infecciones orales.
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