La manera en que tratas tu cuerpo y tu cerebro entre los 40 y los 60 años puede influir enormemente en cómo envejecerás en las siguientes décadas. Las semillas de muchas afecciones relacionadas con la edad —como enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y demencia— se siembran precisamente en esta etapa, por lo que empezar a pensar en la prevención de forma temprana no es un lujo, sino una necesidad.
Y no se trata de cambios drásticos ni de soluciones mágicas. Se necesita una vida entera de hábitos saludables, no solo unas pocas semanas de esfuerzo, para marcar una diferencia real en tu longevidad.
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¿Cuáles son las prácticas que debes de hacer a tu mediana edad para aumentar tus años de vida?
La mediana edad es el momento ideal para hacer cambios, no solo para beneficiarte en el presente, sino también en el futuro y estas son las prácticas que te ayudarán:
- Haz entrenamiento por intervalos
La aptitud cardiorrespiratoria es uno de los mejores predictores de longevidad y de la capacidad de mantenerte activo y con movilidad en los últimos años de vida.
¿Cómo hacerlo? En lugar de caminar o pedalear a ritmo constante durante 30 minutos, prueba a alternar 30 segundos de esfuerzo máximo con 30 segundos de descanso, y repite el ciclo 10 veces. La sesión será más corta, pero también más intensa. Y ese es justamente el secreto: para obtener el mayor beneficio, tienes que esforzarte al máximo, aunque sea por poco tiempo.
- Incluye proteína en cada comida para frenar la pérdida muscular
A partir de los 30 años comenzamos a perder masa muscular, un proceso que se acelera drásticamente a los 60. Ingerir suficiente proteína, especialmente si se combina con entrenamiento de resistencia, puede ayudar a compensar esa pérdida y mantenerte fuerte por más tiempo.
- Usa las escaleras y muévete más en tu día a día
No todo tiene que ser ejercicio en el gimnasio. Los expertos coinciden en que la actividad física cotidiana es igual de importante. Subir escaleras en lugar de tomar el ascensor, caminar en vez de conducir o estacionar un poco más lejos de la entrada son pequeños gestos que, sumados, marcan una gran diferencia.
- Vacúnate contra el herpes zóster y protege también tu cerebro
Cada vez hay más evidencia de que la vacuna contra el herpes zóster no solo previene esa dolorosa erupción cutánea, sino que también reduce el riesgo de deterioro cognitivo en aproximadamente un 20 por ciento. Otras vacunas, como las de la influenza, el neumococo y la Tdap, también podrían ofrecer beneficios similares.
- Acuéstate a la misma hora todas las noches
Un estudio reveló que acostarse y despertarse aproximadamente a la misma hora todos los días era un predictor de mortalidad incluso más fuerte que la duración del sueño. Crear una rutina constante le enseña a tu cuerpo cuándo es momento de descansar, mejora la calidad de tu sueño y, con ello, tu salud general. Tal vez sea el hábito más sencillo y, a la vez, más subestimado de todos.
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