Mientras la atención está en los futbolistas, hay un grupo de atletas anónimos que también entrena como si se jugaran la vida. Son los árbitros. Para estar en el Mundial 2026 no basta con conocer el reglamento: deben correr, esprintar y cambiar de dirección al mismo ritmo que los futbolistas más veloces del planeta. Según Werner Helsen, científico deportivo de la UEFA, un colegiado recorre unos 10 kilómetros por partido. Si hay prórroga, más.
Este año, el comité arbitral de la FIFA está compuesto por 52 árbitros, 88 asistentes y 30 asistentes de vídeo. La selección no es casualidad: se prioriza la calidad por encima de todo, el rendimiento de los últimos años y la actuación en torneos internacionales. "Los árbitros designados son los mejores del mundo", declaró Pierluigi Collina, jefe de árbitros de la FIFA. Y para demostrarlo, primero deben pasar un exigente examen físico.
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Las pruebas físicas que exige la FIFA
No alcanza con haber arbitrado dos años en la liga principal de cada país. Los aspirantes al Mundial deben someterse a un protocolo riguroso que mide su explosividad y resistencia.
La primera prueba consiste en seis sprints de 40 metros, con apenas 60 segundos de recuperación entre cada uno. Los hombres deben completarlos en menos de 6 segundos; las mujeres, en 6,4 segundos. Cualquier retraso puede significar la eliminación.
Luego viene una prueba de intervalos repetida 40 veces: carreras de 75 metros seguidas de una caminata rápida de 35 metros. Otra opción es dar 10 vueltas a una pista de 400 metros. El objetivo es medir la capacidad de recuperación y la resistencia aeróbica en condiciones de fatiga. Y por si fuera poco, deben aprobar el famoso test "7-7-7": recorrer siete metros, girar 90 grados a la izquierda, correr otros siete, repetir la maniobra y completar el circuito dos veces en solo 4,9 segundos.
Entrenamiento mental e idiomas: tanto como las piernas
El físico no lo es todo. Los árbitros también entrenan la mente. Rick Eddy, director de desarrollo arbitral de U.S. Soccer, explica que los buenos colegiados estudian vídeos de partidos, analizan tendencias de los futbolistas y anticipan la posición del balón para colocarse en el lugar adecuado antes de que ocurra la jugada. Eso les permite tomar decisiones más certeras y gestionar el temperamento de los jugadores… y el suyo propio.
Además, la FIFA exige un idioma indispensable: el inglés. Es la lengua oficial para los encuentros internacionales y el idioma en el que se redactan todas las actas. El español, francés y alemán son válidos como segundo idioma, pero sin inglés no hay Mundial. La comunicación con los jugadores y el VAR es clave, especialmente cuando la tecnología ya no puede resolverlo todo. Como resumió Collina: "Nuestro objetivo es garantizar que estén en óptimas condiciones físicas y mentales cuando lleguen a Miami".
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