Con el arranque del Mundial 2026, México se encuentra en una encrucijada emocional. ¿Qué ocurre en la mente y el corazón de la afición cuando la Selección Mexicana anota un gol o gana el partido?. Especialistas de la Universidad Iberoamericana (IBERO) analizan cómo el éxito deportivo se traduce en un fenómeno neuropsicológico y social capaz de alterar, al menos temporalmente, la realidad de un país.
Desde la perspectiva de la neuropsicología del deporte, el doctor Alejandro Tapia de Jesús explica que el cuerpo humano reacciona de forma química ante la victoria. Un gol o un triunfo activa mecanismos cerebrales asociados con la recompensa y la pertenencia.
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La química del bienestar: Las victorias deportivas favorecen la liberación de sustancias como la dopamina, lo que genera sensaciones de euforia, optimismo y orgullo colectivo.
Efecto de distracción: Bajo este estado emocional, el cerebro tiende a "ignorar" aquello que le genera molestia o frustración, concentrando toda su atención en la experiencia positiva. Sin embargo, este alivio suele ser pasajero y puede durar desde unas horas hasta varios días.
Un bálsamo para la tensión social
Para Alejandro Cruz Darío Flores, jefe del área de Psicología del Deporte de la IBERO, el futbol funciona como un factor que amortigua la tensión social. En un país donde este deporte es parte de la identidad cultural, un resultado favorable fortalece la cohesión social y el sentido de pertenencia.
No obstante, Cruz advierte que este bienestar es un arma de doble filo, porque si bien tiene un efecto amortiguador, ya que un buen desempeño puede mantener el entusiasmo colectivo durante semanas, también existe el riesgo de la derrota y si el equipo no gana o es eliminado temprano, se corre el riesgo de reforzar el descontento, la frustración y la desaprobación ya existentes en la sociedad.
¿Celebración o evasión?
Es importante distinguir entre la alegría deportiva y la resolución de conflictos reales. El doctor Óscar Castro, académico de Ciencias Sociales y Políticas, señala que disfrutar de un triunfo no significa olvidar los problemas estructurales del país, como las desapariciones o las condiciones laborales.
Según Castro, es perfectamente posible celebrar los triunfos de la Selección Mexicana y, al mismo tiempo, mantener una postura crítica frente a los desafíos nacionales. El entusiasmo mundialista, aunque poderoso, no sustituye la necesidad de atender las demandas sociales de fondo una vez que "termine la fiesta".
En conclusión, un gol de México es mucho más que un punto en el marcador; es una descarga química de bienestar y un refuerzo de identidad que, aunque temporal, permite a la población encontrar un alivio emocional en medio de un contexto complejo.
