Cuando el médico nos receta antibióticos por alguna infección, es común que después de terminar el tratamiento inicien los problemas intestinales. La respuesta automática suele ser comprar suplementos probióticos con la esperanza de reparar el desastre que el medicamento dejó en el intestino. Sin embargo, la ciencia tiene algo incómodo que decir al respecto.
La doctora Trisha Pasricha, gastroenteróloga y profesora de la Facultad de Medicina de Harvard, ha puesto sobre la mesa evidencia que contradice esta creencia popular. Su mensaje es claro: el camino para recuperar la microbiota intestinal no pasa por el pasillo de los suplementos, sino por la cocina.
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El doble filo de los antibióticos
Los antibióticos son herramientas indispensables para combatir infecciones bacterianas, pero su mecanismo de acción carece de precisión quirúrgica. No solo eliminan a las bacterias patógenas responsables de la enfermedad, sino que también arrasan con microorganismos beneficiosos que habitan en el intestino y cumplen funciones vitales como fermentar la fibra y fortalecer el sistema inmunitario.
Las molestias digestivas durante el tratamiento son, en palabras de Pasricha, "un efecto secundario esperado, aunque desafortunado". Sin embargo, esto no implica necesariamente un daño permanente.
La microbioma suele recuperarse de forma natural en pocas semanas, aunque un estudio sueco publicado en Nature Medicine advirtió que ciertos antibióticos de amplio espectro, como la clindamicina y algunas fluoroquinolonas, pueden provocar alteraciones persistentes incluso años después de su uso.
(Foto: Canva)
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¿Por qué los probióticos pueden jugar en contra?
La evidencia que cuestiona los suplementos probióticos es contundente. Un metaanálisis concluyó que tomarlos durante un tratamiento con antibióticos "tiene muy poco efecto".
Más preocupante aún resulta un estudio publicado en la revista Cell, que observó que las personas que consumieron probióticos después de usar antibióticos tardaron más tiempo en recuperar su microbioma original.
"No existen datos concluyentes que demuestren la eficacia de los suplementos probióticos, y hay evidencia científica preocupante que sugiere que podrían incluso retrasar la recuperación", advierte la especialista de Harvard. La paradoja es notable: el remedio que muchos consideran salvador podría estar saboteando justo el proceso que pretende acelerar.
El verdadero plan de reconstrucción intestinal
En lugar de gastar dinero en suplementos, Pasricha recomienda dos pilares respaldados por ensayos clínicos. El primero es una dieta rica en fibra variada: "Tus microbios fermentan la fibra y, a su vez, producen ácidos grasos beneficiosos de cadena corta", explica. La diversidad de vegetales y fuentes de fibra se traduce directamente en una mayor diversidad microbiana.
El segundo pilar son los alimentos fermentados de consumo diario como el yogur griego o el kimchi. Un ensayo clínico de la Universidad de Stanford demostró que las personas que consumían más fermentados presentaban mayor diversidad microbiana y menores niveles de proteínas inflamatorias en sangre. Eso sí, la doctora cierra con una aclaración vital: si necesitas antibióticos, tómalos, pero solo cuando sean realmente necesarios y siempre completando el tratamiento.
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