Durante años, la obesidad ha sido señalada como la madre de las enfermedades crónicas: diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares. Pero la ciencia acaba de destapar su faceta más letal y menos conocida: su capacidad para convertir infecciones banales en sentencias de muerte. Un estudio publicado en The Lancet, una de las revistas médicas más prestigiosas del planeta, acaba de revelar que aproximadamente una de cada diez muertes por enfermedades infecciosas en el mundo tiene a la obesidad como cómplice silencioso.
La investigación, liderada por científicos finlandeses y replicada en el Biobanco del Reino Unido, siguió durante más de una década a más de 540 mil adultos y analizó 925 enfermedades infecciosas diferentes, desde bacterianas hasta virales, pasando por parasitarias y fúngicas. Los resultados no dejan espacio para la duda: el exceso de peso no solo daña por sí mismo, sino que abre la puerta a que cualquier germen se convierta en una amenaza mortal. Y lo más inquietante: el riesgo crece en proporción directa al número en la báscula.
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La obesidad aumenta la probabilidad de morir a causa de infecciones
Los números del estudio son escalofriantes. Cuando los investigadores compararon a personas con peso saludable frente a aquellas con obesidad severa, el panorama se tornó siniestro. Quienes tienen un IMC superior a 40 (obesidad clase III) presentan un riesgo tres veces mayor de ser hospitalizados por una infección y, lo que es peor, tres veces más probabilidades de morir por ella.
En las cohortes finlandesas, la tasa de hospitalización por infecciones en este grupo fue 2,75 veces superior, mientras que en el Biobanco del Reino Unido el riesgo alcanzó un 3,07. En cuanto a la mortalidad, los números son igualmente contundentes: 3,06 veces más riesgo en Finlandia y 3,54 veces en Reino Unido. La evidencia es sólida, replicada y no admite discusión: a mayor obesidad, mayor vulnerabilidad frente a cualquier enemigo microscópico.
El enemigo invisible: La obesidad como factor de riesgo universal
Una de las revelaciones más importantes del estudio es que la obesidad no discrimina entre tipos de infección. Da igual que sea una bacteria, un virus, un hongo o un parásito. Da igual que la infección sea respiratoria, urinaria, de la piel o gastrointestinal. En prácticamente todos los casos, el exceso de peso multiplica el peligro.
Los investigadores analizaron 22 grandes grupos de enfermedades infecciosas y encontraron que la asociación se mantenía en casi todos ellos. Infecciones bacterianas, virales agudas, de piel y tejidos blandos, respiratorias... todas ellas mostraron una relación directa con la obesidad. Las únicas excepciones fueron el VIH y la tuberculosis, probablemente porque estas enfermedades provocan un desgaste físico que enmascara la relación inversa.
La pandemia lo confirmó: El 15% de las muertes por covid estaban relacionadas con la obesidad
Si alguien albergaba dudas sobre el papel de la obesidad en las infecciones graves, la pandemia de covid-19 se encargó de disiparlas. El estudio de The Lancet analizó específicamente los años 2018 (prepandemia), 2021 (durante la pandemia) y 2023 (pospandemia) para estimar el impacto global del exceso de peso en las muertes infecciosas.
Los resultados son reveladores: antes del coronavirus, el 8,6% de las muertes por infecciones estaban relacionadas con la obesidad. Durante la pandemia, esa cifra se disparó hasta el 15%. Y aunque en 2023 bajó al 10,8%, sigue siendo una proporción enorme. Esto significa que, en el punto álgido de la crisis sanitaria, una de cada siete muertes por covid-19 y otras infecciones podría haberse evitado si la obesidad no estuviera presente.
Más de medio millón de muertes evitables cada año
Para dimensionar el problema, los científicos aplicaron sus cálculos a las estadísticas globales de mortalidad. En 2023, de los 5,4 millones de muertes por enfermedades infecciosas registradas en el mundo, aproximadamente 600 mil fueron atribuibles a la obesidad. En 2021, en plena pandemia, la cifra alcanzó los 2 millones de fallecimientos relacionados con el exceso de peso.
Esto convierte a la obesidad en uno de los factores de riesgo modificables más importantes para la supervivencia, comparable al tabaquismo o la hipertensión. Y, sin embargo, a diferencia de estos, la obesidad sigue siendo vista por muchos como un problema estético o de bienestar, no como la bomba de tiempo biológica que realmente es.
La buena noticia: Perder peso reduce el riesgo
Pero no todo son malas noticias. El estudio también analizó qué ocurría cuando las personas lograban perder peso. Los datos, extraídos de mediciones repetidas en las cohortes finlandesas, mostraron que aquellos que pasaron de obesidad a sobrepeso o peso saludable redujeron su riesgo de infección grave en un 20%.
Eso sí, los investigadores advierten que el riesgo no vuelve a ser el mismo que el de quienes siempre mantuvieron un peso saludable. Pero la dirección es clara: bajar de peso disminuye la vulnerabilidad frente a las infecciones. En cambio, engordar la aumenta: quienes pasaron de sobrepeso a obesidad vieron incrementado su riesgo en 1,3 veces.
La conclusión de los científicos: Hay que actuar ya
Los autores del estudio son tajantes en sus conclusiones. "La obesidad debería recibir mayor atención en las estrategias de salud pública destinadas a prevenir infecciones graves", escriben.
Y lanzan una advertencia: dado que la prevalencia de la obesidad no deja de aumentar en el mundo, su contribución a la carga de infecciones graves probablemente seguirá creciendo en las próximas décadas. Prevenir la obesidad, implementar intervenciones para la pérdida de peso e integrar estas consideraciones en los programas de vacunación para grupos de alto riesgo podrían salvar cientos de miles de vidas cada año.
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