Corría el verano de 2018, Samuel Umtiti tenía 24 años, era uno de los mejores defensas del mundo y su Francia se presentaba como clara candidata a levantar la Copa del Mundo. Pero algo no andaba bien: su rodilla izquierda comenzaba a fallar.
El cartílago de su rodilla se estaba deteriorando —una condición conocida como condropatía— y los médicos del Barcelona le recomendaron cirugía. Pero Umtiti tomó una decisión que marcaría su destino: pospuso la operación para jugar el Mundial.
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El defensa central fue titular en los seis partidos, anotó el gol decisivo en la semifinal ante Bélgica y levantó el trofeo más preciado del futbol. Ese fue su cielo. También fue el inicio de su infierno.
La lesión que lo cambió todo
La rodilla de Umtiti ya arrastraba problemas desde su juventud. A los 17 años, cuando militaba en las divisiones inferiores del Lyon, fue operado para extraerle el menisco de la rodilla izquierda, y la recuperación fue un calvario que le dejó un trauma quirúrgico. Esa experiencia le generó un pánico profundo a volver al quirófano, y por eso rechazó la operación que le proponía el Barcelona.
En lugar de la cirugía, Umtiti eligió un tratamiento conservador: infiltraciones, fisioterapia y cuidados paliativos para aguantar el dolor. Y durante el Mundial, eso significó jugar con inyecciones y analgésicos para poder estar en la cancha. Pero el cartílago no se regenera.
La falta de menisco y el desgaste extremo aceleraron el deterioro de su articulación hasta desarrollar una osteoartritis traumática que le impediría competir al máximo nivel.
La carrera de Umtiti se vio marcada por las lesiones
Tras el Mundial, todo se vino abajo. Su rodilla ya no respondía. En las siguientes cuatro temporadas en el Barcelona, Umtiti apenas pudo disputar 51 partidos. Pero lo peor no fue el cuerpo: fue la cabeza.
"Pasé por episodios de depresión, ni siquiera salía de casa", confesó tiempo después. La gente lo acusaba de "cobrar sin jugar", de haberse rendido, pero él entrenaba hasta dos o tres veces al día, cambió su dieta, dejó la carne y el pescado para reducir la inflamación, y convirtió su casa en una clínica con equipos de rehabilitación.
"Prácticamente no tenía vida, no veía a mis amigos", dijo en una entrevista con RMC. "Pero solo quería jugar al fútbol".
El precio de la gloria
Umtiti anunció su retirada en septiembre de 2025, a los 31 años, con un emotivo mensaje: "Lo di todo con pasión y no me arrepiento de nada". Su rodilla nunca volvió a ser la misma. Desde 2018 hasta su retiro, sumó 18 lesiones y se perdió 170 partidos. Su último partido profesional fue en enero de 2024. Un año y medio después, colgó las botas.
Su historia es una de las más tristes del fútbol moderno: la de un jugador que, por amor a su selección, puso su cuerpo en juego y pagó con su carrera.
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