El agotamiento con el que millones de mexicanos llegamos al final del año no es casual ni momentáneo. Es el resultado de una suma de factores que reducen el descanso, elevan el estrés y deterioran la calidad de vida, desde los largos traslados y las jornadas extensas, hasta la inseguridad y la presión económica.
Uno de los principales detonantes es el tiempo que las personas destinan a desplazarse a sus centros de trabajo; en las grandes ciudades, cada vez es más común salir de casa hasta dos horas antes para evitar el tráfico. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), los mexicanos invierten en promedio 71 minutos en transporte público y 52 minutos en automóvil privado para llegar al trabajo, tiempos que pueden variar según las condiciones diarias.
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Como consecuencia, estos trayectos prolongados restan horas al descanso, al sueño y a la vida personal, por lo que, dormir mejor, convivir con la familia o dedicar tiempo al ocio se vuelve cada vez más difícil, y esto impacta directamente en el bienestar físico y mental.
A ello se suma la extensión de las jornadas laborales; el Índice para una Vida Mejor de la OCDE ubica a México como el país con el mayor porcentaje de personas con jornadas largas, con 27% de la población ocupada, por lo que la organización advierte que cuando el trabajo absorbe la mayor parte del tiempo, se reduce el espacio para actividades esenciales como el descanso y la convivencia.
El desgaste también está relacionado con las distancias recorridas y es que, según el informe Retos y perspectivas del trabajo 2024 de WeWork, 42% de los trabajadores recorren entre 10 y 50 kilómetros para llegar a su empleo y 31% viajan entre 3 y 10 kilómetros; casi la mitad utiliza automóvil particular y más de un tercio depende del transporte público, lo que incrementa el cansancio físico y mental.
A este contexto se le suma la percepción de inseguridad y las encuestas ENVIPE del INEGI muestran que más del 60% de la población considera que la inseguridad sigue siendo el principal problema del país. Además, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) reveló que 63.2% de los habitantes de zonas urbanas se siente inseguro en su ciudad.
En el ámbito laboral, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reporta que 75% de los mexicanos padece fatiga asociada al estrés laboral. Este tipo de estrés se manifiesta con síntomas emocionales, conductuales, cognitivos y físicos, que van desde ansiedad e irritabilidad hasta problemas de sueño, dolores musculares y agotamiento persistente.
Y como si no fuera suficiente lo antes mencionado, el cierre de 2025 y el inicio de 2026 también están marcados por la preocupación económica. El informe Consumer Outlook: Guide to 2026 de NielsenIQ señala que el aumento de precios y la incertidumbre sobre el empleo encabezan las inquietudes de los consumidores.
Así que la combinación de traslados largos, jornadas extensas, estrés laboral, inseguridad y presión económica explica por qué el cansancio se ha vuelto una constante para millones de mexicanos al cierre del año.
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