Perforar las orejas a un bebé es una práctica común en muchas culturas, desde Latinoamérica hasta la India, donde se considera un rito de paso. Sin embargo, aunque es una tradición arraigada, no está exenta de riesgos. La Asociación Americana de Pediatría (AAP) tiene una posición clara: como regla general, es mejor posponer la perforación hasta que el niño sea lo suficientemente maduro para cuidar el sitio por sí mismo.
Esto no significa que perforar antes sea peligroso si se hace correctamente. De hecho, la AAP reconoce que, si el procedimiento se realiza con cuidado y se sigue una higiene rigurosa, el riesgo es mínimo, independientemente de la edad. La clave está en tomar todas las precauciones necesarias y conocer los signos de alerta ante cualquier complicación.
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¿A qué edad ponerle los aretes a tu bebé?
Aunque la AAP no fija una edad mínima, muchos especialistas ofrecen pautas concretas. Los médicos de Johns Hopkins Medicine recomiendan esperar hasta los 3 o 4 meses de edad, cuando el bebé ya ha recibido al menos una o dos rondas de vacunas. A esa edad, si el niño presenta fiebre, ya no es tan preocupante como en los recién nacidos.
Por su parte, Riley Children's Health sugiere esperar al menos hasta los dos meses, después de las primeras vacunas de rutina, para reducir el riesgo de infección. Algunos pediatras incluso recomiendan esperar hasta los dos o tres años, cuando el niño puede entender el procedimiento y colaborar.
Los riesgos que no debes ignorar
Las complicaciones son más frecuentes de lo que se cree. Un estudio citado por Johns Hopkins señala que hasta el 24% de todas las perforaciones de orejas presentan algún tipo de infección o secreción purulenta. Entre los principales riesgos se encuentran:
- Infecciones: especialmente si no se mantiene una limpieza adecuada. En casos graves, pueden requerir antibióticos e incluso hospitalización.
- Alergias a metales: el níquel es el principal culpable. Por eso se recomienda usar oro de al menos 14 kilates o acero quirúrgico hipoalergénico.
- Queloides: crecimiento excesivo de tejido cicatrizal. Un estudio de 2005 encontró que el 80% de los pacientes desarrollaron queloides cuando se perforaron después de los 11 años.
- Desgarros: los aretes colgantes o aros son peligrosos porque el bebé puede jalarlos y rasgar el lóbulo.
- Cierre del broche incrustado: cuando el respaldo del arete se hunde en la piel, lo que puede requerir una pequeña incisión para retirarlo.
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