Leer es una práctica que reconfigura la forma en que el cerebro procesa el lenguaje, organiza la atención, usa la memoria y razona. Incluso, según un nuevo estudio, puede mejorar la capacidad para reconocer rostros.
Una investigación coordinada por Falk Huettig, investigador principal del Instituto Max Planck de Psicolingüística, quien reunió trabajos de psicología, lingüística, neurociencia y educación para demostrar que la alfabetización transforma de manera profunda la mente humana.
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El estudio sostiene que la lectura recibe menos atención que otros factores asociados al rendimiento mental, como el sueño, el ejercicio, la nutrición o la neuroestimulación, a pesar de ser uno de los potenciadores cognitivos más poderosos.
Leer mejora el reconocimiento de rostros, según estudio
Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio aborda el reconocimiento de rostros. Una hipótesis extendida en neurociencia planteaba que, como la lectura es una adquisición cultural reciente, su aprendizaje podría ocupar parte de las redes visuales más antiguas, incluidas las dedicadas a identificar caras.
Huettig rebate esa teoría. Sostiene que aprender a leer puede afinar esas redes, en vez de restarles capacidad, al aumentar la sensibilidad ante rostros y otras categorías de objetos visuales. Esta propuesta se apoyó en estudios con adultos alfabetizados y analfabetos en India, que confirmaron que las personas alfabetizadas reconocían mejor los rostros que las analfabetas.
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La lectura avanzada exige práctica y textos complejos
El estudio también rechaza la idea de que la alfabetización sea una meta que se alcanza de una vez y para siempre. Huettig afirma que la competencia lectora sigue desarrollándose después de que una persona aprende a leer con fluidez.
La práctica continuada automatiza y refina los subprocesos involucrados en la lectura y su coordinación. Esa evolución hace que las personas alfabetizadas miren el mundo con un filtro distinto al de quienes no leen o lo hacen menos. Sin embargo, el investigador advierte que solo una minoría alcanza los niveles más altos de lectura crítica en evaluaciones internacionales como las pruebas PISA, y que llegar a ese nivel exige contacto regular con materiales complejos y habilidades sólidas de pensamiento crítico.
Pantallas, audiolibros y el futuro de la lectura
En el debate sobre formatos, Huettig describe un panorama menos tajante. Señala que metaanálisis previos detectaron una comprensión lectora inferior en pantallas, aunque atribuye parte de esa diferencia a la autorregulación del lector: muchas personas consideran el papel un soporte más apropiado para la lectura seria y, por eso, ajustan su esfuerzo mental de otra manera. Aun así, advierte que la investigación no respalda la conclusión simplificada de que el papel siempre ofrece mejores resultados que lo digital.
Sobre los audiolibros, el investigador reconoce beneficios parciales. Explica que pueden exponer a vocabulario poco frecuente y estructuras narrativas complejas, pero remarca que el conjunto completo de ventajas de la lectura solo se obtiene con el texto escrito.
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