SÍNDROME DE FORTUNATA

¿Por qué a algunos les gustan las personas casadas? Podría ser este síndrome

En distintos espacios sociales, como el trabajo o los medios de comunicación, cuando se descubre una relación entre una mujer y un hombre casado, surgen opiniones y juicios

Los comportamientos que lo caracterizan pueden afectar la salud emocional.
Síndrome de Fortunata.Los comportamientos que lo caracterizan pueden afectar la salud emocional.Créditos: Canva
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En distintos espacios sociales, como el trabajo o los medios de comunicación, cuando se descubre una relación entre una mujer y un hombre casado, surgen opiniones y juicios. Muchas veces, para simplificar la situación, se recurre a etiquetas y diagnósticos que buscan dar una explicación rápida a este tipo de vínculos. Pero, ¿por qué a algunos les gustan las personas casadas? Podría ser este síndrome.

¿Por qué a algunos les gustan las personas casadas? Podría ser este síndrome

El síndrome de Fortunata toma su nombre de la novela Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós, que narra la historia de Juanito Santa Cruz y sus relaciones con dos mujeres: su esposa Jacinta y su amante Fortunata. En este contexto, el síndrome hace referencia a un patrón de conducta en el que una mujer se siente atraída por un hombre casado y desarrolla una relación marcada por la dependencia y la obsesión.

Algunas de las características principales de este síndrome son:

  • Atracción y sentimientos dirigidos hacia personas en relaciones comprometidas.
  • Creencia de que el vínculo con el hombre casado es único y especial.
  • Fantasías sobre un futuro en el que podrán estar juntos sin obstáculos.
  • Idealización de la relación, justificando la situación con diversas excusas.
  • Desinterés por otras relaciones y actividades fuera del amante.
  • Sentimientos ambivalentes hacia la pareja del hombre, alternando entre enojo, rencor, culpa y empatía.

Aunque el síndrome de Fortunata no se considera una enfermedad mental, los comportamientos que lo caracterizan pueden afectar la salud emocional de quienes lo experimentan. La ansiedad, la baja autoestima y la inseguridad son algunos de los efectos que pueden surgir en personas que mantienen este tipo de vínculos durante un tiempo prolongado. La dependencia emocional y la falta de reciprocidad también generan malestar y frustración.

Los comportamientos que lo caracterizan pueden afectar la salud emocional. Crédito: Canva.

Una mirada con perspectiva de género

El análisis del síndrome de Fortunata no puede realizarse sin considerar la perspectiva de género. En muchos casos, el foco se pone en la mujer que se involucra con un hombre casado, en lugar de analizar la dinámica de una relación disfuncional y dependiente. Se cuestiona a la mujer por su comportamiento, mientras que el hombre suele ser eximido de responsabilidad o incluso justificado.

Este doble estándar es evidente en cómo la sociedad reacciona ante la infidelidad. Cuando un hombre engaña a su pareja, se tiende a culpar a la amante y no a él, considerándola responsable de “romper una familia”. En cambio, las promesas y excusas que él ofrece, como la idea de que “pronto dejará a su pareja”, rara vez se analizan con la misma severidad.

El filósofo Michel Foucault planteó que las normas relacionadas con la sexualidad funcionan como un mecanismo de control social. En este sentido, los juicios morales sobre la infidelidad y el síndrome de Fortunata responden a construcciones normativas que determinan lo que se considera aceptable o reprochable en el comportamiento de hombres y mujeres. 

Según Mejor con Salud, más que emitir juicios, es importante brindar herramientas para que las personas puedan reflexionar sobre sus decisiones y comprender desde qué lugar eligen sus vínculos. Un acompañamiento basado en la empatía y el análisis de estas dinámicas puede ser clave para mejorar su bienestar emocional y evitar patrones de relación perjudiciales.