En el complejo ecosistema de la salud pública en México, se está gestando un fenómeno que expertos califican como un "choque de trenes": la resurrección judicial de patentes vencidas. Mientras el país se ha distinguido por ser sumamente respetuoso de la propiedad intelectual, este rigor está empezando a jugar en contra de la inversión en medicamentos genéricos, afectando directamente el bolsillo y la salud de millones de mexicanos.
Históricamente, México ha mantenido una postura de estricto apego a los marcos internacionales de patentes. Sin embargo, esta certidumbre para las grandes farmacéuticas se ha convertido en una barrera de entrada para los fabricantes nacionales. Desarrollar un medicamento genérico o biosimilar no es tarea sencilla; requiere una inversión de entre 50 y 100 millones de dólares y hasta siete años de trabajo. Cuando un juez decide "revivir" una patente que ya había expirado, esa inversión queda en un limbo jurídico, desincentivando la soberanía sanitaria del país.
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El fenómeno de las "patentes zombis"
Recientemente, diversas empresas farmacéuticas han acudido al Poder Judicial para lograr extensiones de protección basadas en tratados comerciales ya extintos, como el TLCAN. Casos emblemáticos como el denosumab (para osteoporosis y cáncer óseo), el bimatoprost (para glaucoma) y la semaglutida (principio activo de Ozempic) ilustran esta tendencia.
En el caso de la semaglutida, por ejemplo, el laboratorio logró una ampliación de protección de datos clínicos por un plazo que no existe en la ley mexicana actual, basándose en tratados que México ni siquiera ratificó. Esto deja a los fabricantes de genéricos, que ya contaban con registros sanitarios aprobados, en una situación de total indefensión.
Dentro de este panorama, Pfizer ha sido señalada como una de las farmacéuticas más combativas en la defensa de sus privilegios comerciales. Cabe recordar que, incluso en contextos de crisis global como la pandemia, esta empresa se mantuvo firme en su rechazo a liberar patentes de vacunas, privilegiando los beneficios económicos sobre el acceso universal. Esta postura agresiva se refleja ahora en los tribunales mexicanos, donde se busca alargar el control del mercado mediante interpretaciones legales que estiran la vida de las patentes más allá de su vencimiento natural.
Un llamado a la sensibilidad judicial
Ante esta situación, desde nuestro punto de vista alguien debería sensibilizar a los jueces para que entiendan que este no es sólo un tema de números, sino de derechos humanos. Y desde muchos flancos se puede sensibilizar a los jueces: desde las autoridades de salud, de economía, pero también la industria. La Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos (ANAFAM) ya ha dado un paso al frente. Sería bueno ver quién más se suma.
Es fundamental que el Poder Judicial considere a las empresas de genéricos como terceras interesadas en estos juicios. Asimismo, el interés social debe prevalecer:
- Costo: Los genéricos pueden costar hasta un 75% menos que los de patente.
- Acceso: Mientras una pluma de Ozempic cuesta en México hasta 6,500 pesos, en mercados con genéricos su precio ronda los 1,200 pesos. Lo mismo ocurre con el denosumab, que llega a costar hasta 10,550 pesos y si existiera en genérico podría ser más accesible para quienes padecen osteoporosis o cáncer óseo.
- Impacto social: Para un paciente con diabetes, la diferencia entre tener o no un genérico disponible puede representar un gasto anual de 65,000 pesos, igual que para una persona con cáncer.
La batalla por los medicamentos en México no puede ganarse si los jueces siguen resucitando "patentes muertas" basándose en tratados inexistentes. La justicia deber+ia ponderar el derecho a la salud por encima del derecho económico de las grandes corporaciones. Solo así podremos garantizar que la innovación farmacéutica no se convierta en una condena financiera para quienes más lo necesitan.
Pfizer entra al radar de la obesidad
La carrera por los medicamentos contra la obesidad suma un nuevo competidor. Pfizer comenzó a mover sus piezas para entrar a un mercado dominado por Eli Lilly y Novo Nordisk, y aunque todavía no hay un anuncio de llegada a México, una operación reciente marca el rumbo de la farmacéutica.
En febrero de 2026, Pfizer acordó pagar hasta 495 millones de dólares a la biotecnológica china Sciwind Biosciences para obtener los derechos de comercialización en China continental de ecnoglutida, un medicamento GLP-1 aprobado para diabetes tipo 2 y en evaluación para control de peso.
La señal es clara: Pfizer no quiere quedarse fuera del negocio que está transformando el tratamiento de la obesidad.
Después de abandonar algunos desarrollos propios en esta área, la compañía cambió de estrategia y comenzó a buscar alianzas con empresas que ya cuentan con moléculas avanzadas. El acuerdo con Sciwind forma parte de esa nueva apuesta por el mercado metabólico.
Hoy Eli Lilly y Novo Nordisk llevan la delantera con tirzepatida y semaglutida, pero la demanda mundial por terapias para obesidad y diabetes abre espacio para nuevos jugadores.
En México, donde la obesidad es uno de los principales retos de salud pública y los tratamientos GLP-1 comienzan a ganar presencia, la eventual llegada de Pfizer podría modificar el escenario competitivo.
Por ahora no hay confirmación de que ecnoglutida llegue al país, pero la operación en China funciona como un precedente: la batalla por el mercado de la obesidad apenas comienza y las grandes farmacéuticas ya están tomando posiciones.
