Hay pocas veces en que una autoridad sanitaria reconoce que la velocidad de la innovación supera la capacidad de respuesta del gobierno. Eso es precisamente lo que reconoció el Consejo de Salubridad General al sector de dispositivos médicos: el Compendio Nacional de Insumos para la Salud, pieza clave para las compras públicas, necesita modernizarse porque ya no refleja la realidad tecnológica del sistema de salud.
Este reconocimiento no es menor.
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Mientras la industria desarrolla software médico, herramientas de inteligencia artificial, dispositivos cada vez más sofisticados y nuevas soluciones diagnósticas, los mecanismos que determinan qué puede comprar el sector público siguen operando bajo categorías diseñadas para una realidad distinta.
El propio Consejo de Salubridad General reconoce que hoy existen tecnologías con registro sanitario que ni siquiera tienen una categoría clara dentro del Compendio.
En otras palabras, la innovación avanza más rápido que la regulación.
La consecuencia es directa: una tecnología puede demostrar valor clínico, contar con evidencia científica e incluso tener autorización sanitaria, pero aun así enfrentar barreras para llegar a los pacientes del sistema público.
Por eso la invitación abierta a la industria para participar en la actualización del Compendio. No se trata únicamente de un proceso administrativo. Lo que está en juego es definir qué tecnologías tendrán posibilidad de ser adquiridas por las instituciones públicas en los próximos años.
La discusión adquiere todavía más relevancia en un momento en que el gobierno impulsa los Protocolos Nacionales de Atención Médica, documentos que buscan homologar la atención en todo el país. El objetivo es que un paciente reciba las mismas oportunidades de diagnóstico y tratamiento independientemente de si vive en Oaxaca, Chiapas, Nuevo León o ciudad de México.
La intención parece correcta. El problema es que la homologación clínica difícilmente será posible si las tecnologías necesarias para cumplir esos protocolos no logran incorporarse con rapidez a los mecanismos de compra pública.
Ahí está el verdadero desafío.
Durante años, la conversación sobre salud se ha concentrado en el financiamiento, el abasto de medicamentos o la infraestructura hospitalaria. Sin embargo, desde el Consejo se deja entrever otro problema menos visible: el desfase entre la innovación médica y las reglas que permiten llevarla a los pacientes.
La buena noticia es que la autoridad identifica el rezago. La mala es que reconocerlo apenas representa el primer paso. Lo realmente importante será ver si esa modernización se traduce en procesos más ágiles, categorías actualizadas y una incorporación más rápida de tecnologías que hoy esperan, desde fuera del sistema, una puerta de entrada al sector público.
