MIRADA CLÍNICA

La lección de Kershenobich frente a la sombra de López-Gatell

Hoy, el manejo del ébola por parte del secretario Kershenobich nos recuerda que las crisis sanitarias no se enfrentan con "fuerza moral" ni con discursos triunfalistas, sino con transparencia y rigor científico

Créditos: Secretaría de Salud
Escrito en OPINIÓN el

En la gestión de la salud pública, la diferencia entre la prevención científica y el manejo político se mide en vidas salvadas. Hoy, México se enfrenta a una nueva alerta internacional por el brote de ébola Bundibugyo en África, y la respuesta del secretario de Salud, David Kershenobich, marca un contraste abismal con la era de Hugo López-Gatell, donde la negligencia se disfrazó de retórica.

A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el riesgo de propagación internacional para el ébola es bajo, las autoridades sanitarias mexicanas han decidido no dejar nada al azar. Kershenobich tomó con seriedad la alta letalidad de esta cepa y la ausencia de vacunas o tratamientos específicos. Bajo su mando, se emitió un aviso epidemiológico estricto que ordena el aislamiento inmediato de cualquier caso sospechoso y el traslado a unidades especializadas como el CENIAQ para una confirmación segura.

Lo más destacable es la determinación de restringir el ingreso a viajeros que hayan transitado por Uganda, la República Democrática del Congo o Sudán del Sur en los últimos 21 días, una medida temporal de 60 días para proteger al país de la importación del virus. Además, se ha instruido el seguimiento estricto del 100% de los contactos durante 21 días, reconociendo que la movilidad aérea global exige una vigilancia estrecha.

Esta postura es el polo opuesto al desastre ético y profesional que representó Hugo López-Gatell durante la pandemia de covid. Mientras el virus avanzaba, López-Gatell se dedicó a minimizar el riesgo, asegurando inicialmente que no era una emergencia. Su negativa rotunda a cerrar fronteras y su resistencia a implementar pruebas masivas de diagnóstico impidieron el rastreo efectivo de contagios. Gatell no sólo ignoró la evidencia científica por seguir una línea política, llegando a decir que el ahora ex presidente Andrés Manuel López Obrador tenía "fuerza moral, no de contagio", sino que su estrategia derivó en una tragedia nacional.

El costo de la era López-Gatell fue devastador: aunque el gobierno reportó oficialmente unas 334 mil muertes, las estimaciones internacionales y del propio INEGI sugieren un subregistro masivo, con una cifra real que superaría las 800 mil defunciones. A esto se suma su falta de integridad personal, evidenciada cuando fue captado vacacionando en Zipolite o paseando sin cubrebocas en la colonia Roma mientras aún era positivo a covid , traicionando sus propias recomendaciones a la ciudadanía.

Hoy, el manejo del ébola nos recuerda que las crisis sanitarias no se enfrentan con "fuerza moral" ni con discursos triunfalistas, sino con transparencia y rigor científico. Kershenobich está demostrando que es posible actuar con prudencia y firmeza antes de que el problema llegue a casa, dejando atrás la etapa más oscura de la salud pública en México, marcada por la soberbia de un funcionario que prefirió el "baile de cifras" sobre la verdad y la vida de los mexicanos.

Recuperar funciones, no sólo tratarlas

La industria farmacéutica está entrando en una etapa distinta: ya no se trata únicamente de tratar enfermedades, sino de recuperar funciones que antes se asumían como pérdidas permanentes. En ese contexto aparece una de las líneas más ambiciosas que hoy explora Eli Lilly: una posible terapia auditiva basada en genética, todavía en fase temprana de investigación.

La idea es que una persona con pérdida auditiva pueda recuperar esa capacidad mediante intervenciones biotecnológicas. 

No es un tratamiento disponible ni una promesa inmediata. Es investigación. Pero la sola posibilidad cambia la conversación dentro de la industria farmacéutica: el objetivo deja de ser únicamente tratar síntomas y pasa a ser restaurar capacidades humanas.

En paralelo, también se desarrollan líneas de investigación en salud visual y otras áreas neurosensoriales, donde la lógica es similar: intervenir procesos biológicos con mayor precisión, apoyados en biotecnología y herramientas emergentes.

Industria médica, innovación y política de salud

La innovación médica avanza en paralelo con la discusión regulatoria e industrial del sector salud. 

En la primera Convención Anual de Dispositivos Médicos, organizada por la CANIFARMA, se colocó sobre la mesa la relevancia estratégica de la tecnología médica en el sistema de salud.

El secretario de Salud, David Kershenobich, destacó que el sector de dispositivos médicos es uno de los más dinámicos en términos de integración comercial y desarrollo tecnológico, y que su papel es clave para la modernización del sistema sanitario.

Afirmó que el acceso a dispositivos médicos es esencial para un diagnóstico oportuno y para fortalecer el modelo preventivo que impulsa el sistema de salud. 

Además, señaló que la digitalización y las nuevas tecnologías son la base del modelo de atención universal que se busca consolidar.

“Gobierno e industria debemos trabajar de la mano para alinear objetivos y construir soluciones que respondan a las necesidades reales de la población”, planteó.

Por su parte, el presidente de la CANIFARMA, Guy Jean Savoir, destacó que el sector de dispositivos médicos es “fuerte, resiliente e innovador”, y señaló que existe una estrategia para fortalecer su crecimiento mediante iniciativas como formación especializada, rutas de innovación y revisión de temas regulatorios como aranceles y aduanas.

En conclusión, tanto la investigación farmacéutica como el ecosistema de dispositivos médicos apuntan hacia un mismo eje: un sistema de salud cada vez más tecnológico, donde la innovación no solo busca curar, sino redefinir lo que es recuperable.