MIRADA CLÍNICA

La era de las mujeres en la industria farmacéutica mexicana

El nombramiento de Astrea Ocampo en Amelaf no sólo rompe una inercia histórica, también envía un mensaje contundente sobre hacia dónde se mueve el poder dentro de un sector clave para la salud pública y la economía nacional

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Durante años, la conversación sobre igualdad de género en México ha orbitado en sectores como la política o las finanzas. Sin embargo, hay industrias donde el cambio ha sido más silencioso, pero no menos significativo. La farmacéutica es una de ellas.

Lo ocurrido el pasado 17 de marzo no es un simple relevo institucional: es un punto de inflexión. Por primera vez en su historia, la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (Amelaf) será encabezada por una mujer. El nombramiento de Astrea Ocampo no sólo rompe una inercia histórica, también envía un mensaje contundente sobre hacia dónde se mueve el poder dentro de un sector clave para la salud pública y la economía nacional.

No es menor. La industria farmacéutica mexicana atraviesa un momento decisivo: presiones regulatorias, retos de abasto, oportunidades en el mercado global y la necesidad de fortalecer la investigación clínica. En ese contexto, la llegada de una mujer a la presidencia del Consejo Directivo de Amelaf no es una concesión simbólica, sino una señal de que los criterios de liderazgo están evolucionando.

Astrea Ocampo ha delineado una agenda ambiciosa que incluye impulsar la producción nacional, en especial la de genéricos y biosimilares, fomentar la exportación, así como fortalecer la investigación y el diálogo con las autoridades, pero quizá lo más relevante no está en el qué, sino en el cómo. Su visión de liderazgo apuesta por la colaboración, la escucha y la construcción de consensos, según explicó a SuMédico en la entrevista que le realizamos con motivo del 8M, días antes de su nuevo nombramiento. Este estilo de liderazgo, lejos de ser una narrativa aspiracional, empieza a consolidarse como una ventaja competitiva en entornos complejos.

El punto de fondo es incómodo, pero necesario: durante décadas, el acceso al poder en esta industria —como en muchas otras— no ha sido equitativo. Mientras a los hombres se les ha evaluado por su potencial, a las mujeres se les ha exigido experiencia probada desde el primer momento. La vara, simplemente, no ha sido la misma. Lo interesante es que esta realidad ya no se acepta en silencio.

Las voces de más mujeres líderes del sector refuerzan esta idea, tal como lo dijeron en entrevista con SuMédico Selenia Gómez de los Santos, directora general de Kedrion Mexicana; Karla Báez, directora Ejecutiva Interina de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF); Maritere Tirado Díaz, presidenta ejecutiva y CEO de Grupo Collins, y Alejandra Muñoz, líder de Negocios Médicos para el Norte de Latinoamérica de Solventum. 

Desde quienes han tenido que abrirse paso en espacios donde antes no eran bienvenidas, hasta quienes hoy lideran organizaciones con una alta participación femenina, el diagnóstico converge: el talento nunca fue el problema; las oportunidades, sí.

También hay un llamado hacia dentro. Persisten barreras menos visibles, pero igual de determinantes: la autoconfianza, el miedo a no cumplir con todos los requisitos, la tendencia a no “levantar la mano”. Romper el techo de cristal no solo depende de abrir puertas, sino de atreverse a cruzarlas.

Lo que está ocurriendo en la industria farmacéutica mexicana no debe leerse como una historia aislada ni como una cuota cumplida. Es, más bien, el reflejo de una transformación más profunda en la forma de entender el liderazgo. Una en la que la diversidad deja de ser un discurso para convertirse en estrategia.

La pregunta ya no es si las mujeres pueden liderar este sector. Esa discusión quedó atrás. La verdadera pregunta es cuánto más puede avanzar la industria ahora que, por fin, empieza a aprovechar todo su talento.

Expediente Clínico

Hoy, buena parte de las decisiones en salud empiezan en una pantalla y no en el consultorio ni con un especialista. 

El dato lo confirma: 59% de las mujeres brasileñas usan internet como su principal fuente de información médica, según un estudio realizado por Ipsos/Bayer Brasil en 2025.

Pero el problema no es el acceso, es la calidad.

En un entorno donde la información circula sin filtros, incluso herramientas de inteligencia artificial pueden fallar: entre 50% y 82% de contenidos científicos falsos han sido validados como verdaderos, de acuerdo con in estudio elaborado por la Escuela de Medicina Mount Sinai y Nature Digital Medicine.

En salud reproductiva, el contraste todavía es más evidente y más “riesgoso”, debido a que menos del 10% de los videos más vistos sobre anticoncepción en TikTok provienen de fuentes confiables, pese a acumular alrededor de 5 mil millones de visualizaciones, según la Universidad La Trobe, Australia.

Es decir, la mayor parte de lo que se consume en redes sociales no necesariamente está respaldado por evidencia científica.

En Latinoamérica, la prevalencia de uso de anticonceptivos es de 74%, con 67% correspondiente a métodos modernos. En países como México, la cobertura de políticas de anticoncepción alcanza 93%, y es menor al 80% en Uruguay, Colombia y Argentina.

Pero lo que es peor, es que el acceso sigue siendo desigual a nivel global: 257 millones de mujeres no pueden acceder a métodos anticonceptivos modernos.

En este contexto, la industria farmacéutica mantiene su apuesta por ampliar opciones. Empresas como Bayer han desarrollado portafolios que incluyen métodos orales, hormonales, implantes subdérmicos e inyectables, dirigidos a distintas etapas de la vida reproductiva.

Pero el asunto de fondo no está sólo en la disponibilidad de métodos, sino en cómo se toman las decisiones, pues desatidamente hoy, cada vez más, esa decisión pasa primero por lo que aparece en una búsqueda o en un video.