INTOXICACIÓN POR MARICOS

¿Cómo saber si te intoxicaste por comer mariscos y qué hacer?

El aumento del consumo de productos del mar en esta temporada trae consigo un riesgo silencioso

Descubre cómo saber si te intoxicaste por comer mariscos y qué hacer
Descubre cómo saber si te intoxicaste por comer mariscos y qué hacer Créditos: (Canva)
Escrito en NUTRICIÓN Y DIETAS el

Llega la Cuaresma y con ella la tradición de sustituir la carne roja por pescados y mariscos que se convierten en los protagonistas de las comidas familiares. Sin embargo, esta temporada también es testigo de un aumento en las consultas médicas por enfermedades gastrointestinales asociadas al consumo de estos productos. 

La intoxicación por mariscos no solo es más común de lo que pensamos, sino que puede manifestarse de formas muy distintas dependiendo del tipo de contaminación. Bacterias, virus, toxinas naturales e incluso metales pesados pueden estar presentes en un platillo que luce fresco y apetitoso. Pero ¿cómo diferenciar una simple molestia estomacal de una intoxicación grave? ¿Cuándo debemos correr a urgencias? Aquí te contamos todo lo que necesitas saber para proteger tu salud y la de tu familia.

Síntomas de alerta de una intoxicación 

El cuerpo humano es sabio y, cuando algo anda mal, envía señales claras. En el caso de una intoxicación por mariscos, los síntomas suelen aparecer de forma repentina, generalmente entre 1 y 24 horas después del consumo, aunque en algunos casos pueden manifestarse incluso en cuestión de minutos.

Los signos más comunes incluyen náuseas explosivas, vómitos, diarrea acuosa y dolor abdominal intenso. Pero ojo, no todo se queda en el sistema digestivo. Dependiendo del tipo de toxina, pueden presentarse síntomas neurológicos como hormigueo en los labios, la lengua o las yemas de los dedos, dolor de cabeza, mareos e incluso confusión mental. 

En los casos más graves asociados a toxinas marinas, como la ciguatera o el envenenamiento por moluscos paralizantes, la persona puede experimentar una sensación de temperatura invertida (sentir frío cuando tocan algo caliente y viceversa) o dificultad para respirar. Si esto ocurre, cada segundo cuenta.

Los signos más comunes incluyen náuseas explosivas y vómitos. (Foto: Canva)

¿Qué hacer si sospechas que te intoxicaste?

Lo primero es mantener la calma, aunque la tentación sea entrar en pánico. El pánico sólo acelera el corazón y puede empeorar la sensación de malestar. El segundo paso, y quizás el más importante, es hidratarse. Los vómitos y la diarrea provocan una pérdida brutal de líquidos y electrolitos que puede desencadenar un cuadro de deshidratación severa.

Lo ideal es beber pequeños sorbos de suero oral, que se consigue en cualquier farmacia. Si no tienes a la mano, una solución casera con agua, sal y azúcar puede funcionar como paliativo, aunque siempre es mejor optar por las sales de rehidratación oral recomendadas por la Organización Mundial de la Salud. Eso sí, evita los antidiarreicos de venta libre a menos que un médico lo indique. Detener la diarrea puede sonar lógico, pero si hay una bacteria o toxina en tu intestino, lo mejor es que el cuerpo la expulse, no que la retengas.

¿Cuándo NO debes quedarte en casa?

Muchas personas intentan "aguantar el malestar" en casa, confiando en que pasará con reposo. Sin embargo, hay señales de alarma que indican que es momento de acudir a una sala de urgencias sin demora. Si la persona intoxicada es un adulto mayor, un niño pequeño, una mujer embarazada o alguien con el sistema inmunológico debilitado, la visita al médico debe ser inmediata ante el primer síntoma.

Además, debes buscar ayuda profesional si observas sangre en las heces o el vómito, si la fiebre supera los 38.5 grados, si los síntomas neurológicos (como el hormigueo o la confusión) no ceden, o si la persona no puede retener ni siquiera líquidos durante más de 12 horas. En estos casos, la deshidratación puede avanzar rápidamente y requerir la administración de suero intravenoso y antibióticos específicos.

Prevenir es mejor que lamentar

Dicen que en la prevención está la clave, y en el caso de los mariscos, esto es una verdad absoluta. Las autoridades sanitarias recomiendan comprar siempre productos del mar en establecimientos establecidos y de confianza. Desconfía de los vendedores ambulantes que ofrecen mariscos cocidos expuestos al sol o al calor, un caldo de cultivo perfecto para las bacterias.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advierte que los mariscos deben estar refrigerados o en camas de hielo en todo momento. En casa, asegúrate de cocinarlos bien: las altas temperaturas matan la mayoría de las bacterias y virus dañinos. Por último, una regla infalible: si el marisco huele mal o tiene un aspecto sospechoso (conchas rotas o que no se abren al cocinarlas), tíralo sin dudar. Tu bolsillo puede resentirse, pero tu salud te lo agradecerá.

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