No es ningún secreto que un buen abrazo puede hacer más feliz a una persona. Ya sea para despedirse, mostrar afecto cariñoso o buscar en los brazos de alguien un lugar seguro para dejar el estrés fuera, los abrazos son un mecanismo de felicidad y relajación universal. Pero la ciencia ha ido más allá de la intuición y ha demostrado que este gesto cotidiano tiene efectos fisiológicos profundos en nuestro cuerpo.
Un estudio publicado por la Biblioteca Nacional de Medicina estadounidense explica qué hay detrás de un buen abrazo y, lo más importante, cuánto tiempo debe durar para que realmente haga efecto.
Te podría interesar
La investigación, liderada por Chelsea E. Romney de la Universidad Brigham Young, superó las limitaciones de estudios previos que solo se enfocaban en parejas románticas en laboratorios, ampliando la mirada a todo tipo de relaciones sociales.
El abrazo que reduce el cortisol y activa la calma
El estudio se centra en cómo un abrazo, ya sea con una persona con la que se mantiene una relación romántica o no, puede afectar al aumento de cortisol, conocida como la "hormona del estrés". Cuando el cuerpo acumula cortisol en exceso, nos sentimos alerta, tensos y agotados. Pero un abrazo adecuado cambia por completo ese estado.
Los resultados muestran cómo un buen abrazo puede activar el sistema parasimpático, aquel encargado de la calma y tranquilidad de una persona. Así mismo, aumenta la liberación de oxitocina, la "hormona del amor", que surge de las relaciones sociales, del vínculo y del amor, permitiendo fomentar el apego y la confianza. El cortisol, por su parte, sufre una caída significativa, sustituyendo el estrés acumulado por calma y tranquilidad.
La regla de los 20 segundos: el tiempo mínimo para sentir el efecto
Para que todos estos beneficios puedan darse durante un abrazo, el estudio afirma que este gesto debe tener una duración mínima de 20 segundos. Menos tiempo no es suficiente para que el cuerpo active ese sistema de relajación y libere las hormonas del bienestar. No se trata de un abrazo rápido y cortés, sino de un abrazo consciente y sostenido que le dé tiempo al sistema nervioso a responder.
Este hallazgo cambia la forma en que entendemos el contacto físico. No es un gesto vacío; es una herramienta biológica para regular nuestras emociones y nuestra salud. En un mundo lleno de prisas y pantallas, tomarse 20 segundos para abrazar a alguien puede ser uno de los actos más reparadores que hagas por ti y por la otra persona.
Para enterarte de toda la información que necesitas sobre salud y bienestar síguenos en Facebook y TikTok.
