La creencia popular está llena de supuestos indicadores infalibles de la mentira: desviar la mirada, tocarse la nariz o sudar. Sin embargo, décadas de investigación en psicología han demostrado que estos gestos no son evidencia confiable y que, de hecho, la mayoría de las personas apenas supera el azar cuando intenta identificar a un mentiroso.
La detección de engaños es una habilidad compleja que se basa en la observación de conjuntos de señales, no de pistas únicas. La Asociación Estadounidense de Psicología advierte que incluso los profesionales entrenados, como policías y jueces, cometen errores si se enfocan en el lenguaje corporal estereotipado en lugar de analizar la coherencia y el contenido del discurso.
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¿Se puede saber que una persona miente por sus ojos?
Contrario a lo que se asume popularmente, una persona que miente no necesariamente evita el contacto visual. De hecho, muchos mentirosos lo mantienen de forma exagerada para parecer sinceros. La Universidad de California en Los Ángeles, a través del trabajo del profesor Edward Geiselman, encontró que las señales no verbales solo son útiles cuando representan una desviación clara del comportamiento habitual de esa persona en una situación relajada, no como una regla universal. Un cambio repentino en el tono de voz, pausas inusuales o un parpadeo acelerado pueden ser más reveladores que la dirección de la mirada.
El análisis del contenido verbal es la clave
La herramienta más efectiva para detectar el engaño no está en el cuerpo, sino en las palabras. La técnica de la Entrevista Cognitiva, desarrollada por Geiselman y Fisher para el Departamento de Justicia de Estados Unidos, sugiere que pedir al interlocutor que cuente su historia en orden inverso o que describa detalles sensoriales del evento incrementa la carga cognitiva del mentiroso. Construir una historia falsa requiere un gran esfuerzo mental; al exigirle que narre hacia atrás, las inconsistencias, las pausas largas y la falta de detalles se vuelven mucho más evidentes porque su cerebro no puede sostener la fabricación con fluidez.
Inconsistencias y falta de espontaneidad
Una persona que dice la verdad puede corregirse, admitir que no recuerda algo o incluir detalles inesperados. En cambio, el relato ensayado de un mentiroso suele ser rígido, cronológicamente perfecto y carente de información sensorial irrelevante, como olores o texturas. La psicología forense señala que la emoción mostrada también es una pista: una expresión de angustia que desaparece abruptamente o una sonrisa forzada que no involucra los músculos alrededor de los ojos pueden indicar una emoción fingida que no coincide con el discurso.
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