ATAQUE DE PÁNICO

Primeros auxilios psicológicos ante un ataque de pánico: cuando la calma también salva

Dr. Peña: Los primeros auxilios psicológicos comienzan con algo aparentemente sencillo: permanecer tranquilos

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Ver a alguien sufrir un ataque de pánico puede ser una experiencia angustiante. La persona puede sentirse atrapada en una sensación repentina de terror, experimentar falta de aire, palpitaciones, mareo, temblor, sudoración o la sensación de que está perdiendo el control, se está volviendo loca o incluso está a punto de morir.

Para quien observa la escena, la reacción natural suele ser el miedo. Sin embargo, en esos momentos existe una herramienta terapéutica poderosa que no requiere ser médico ni psicólogo: la capacidad de brindar contención emocional.

Lo primero que debemos recordar es que un ataque de pánico, aunque se siente extremadamente intenso, no suele representar un peligro físico inmediato. La persona está viviendo una respuesta de alarma exagerada de su cerebro y su cuerpo, pero necesita ayuda para atravesar la tormenta emocional sin sentirse sola.

Los primeros auxilios psicológicos comienzan con algo aparentemente sencillo: permanecer tranquilos. Nuestro cerebro está diseñado para leer las emociones de quienes nos rodean. Si quienes acompañan entran en pánico, la sensación de amenaza aumenta. Si transmiten serenidad, ayudan a que el sistema nervioso de la persona empiece gradualmente a recuperar el equilibrio.

Acérquese de manera respetuosa y hable con voz pausada. Frases como: “Estoy aquí contigo”, “No estás solo”, “Esto va a pasar” o “Vamos a respirar juntos” suelen ser más útiles que intentar convencer a la persona de que “no pasa nada”.

También es importante evitar comentarios que minimicen la experiencia. Decir “cálmate”, “estás exagerando” o “échale ganas” puede aumentar la sensación de incomprensión y aislamiento.

Si la persona lo permite, puede invitarla a enfocar su atención en el presente. Algunas técnicas sencillas consisten en pedirle que observe cinco cosas que puede ver, cuatro que puede tocar, tres que puede escuchar, dos que puede oler y una que puede saborear. Este tipo de ejercicios ayudan a disminuir la sensación de desconexión y favorecen que el cerebro salga del estado de alarma.

La respiración también puede ser una aliada. Más que pedir respiraciones profundas, conviene acompañar respiraciones lentas y cómodas, enfatizando una exhalación más larga que la inhalación. El objetivo no es forzar la respiración, sino ayudar a que el cuerpo recupere un ritmo más tranquilo.

Una vez que la crisis disminuya, es recomendable permanecer unos minutos más con la persona. Muchas veces el miedo no termina cuando desaparecen los síntomas físicos, sino cuando alguien transmite seguridad y acompañamiento.

Los primeros auxilios psicológicos no buscan sustituir una atención profesional. Su función es ofrecer apoyo emocional inmediato, reducir el sufrimiento y facilitar que la persona reciba ayuda adecuada cuando la necesite.

En México existen recursos que pueden orientar durante una crisis emocional. La Línea de la Vida (800 911 2000), disponible las 24 horas, brinda atención psicológica y orientación gratuita. También puede contactarse al 911 cuando exista riesgo para la integridad de la persona o dudas sobre si los síntomas corresponden a una emergencia médica.

A veces creemos que ayudar implica tener respuestas perfectas. La realidad es más sencilla. Durante un ataque de pánico, la mejor medicina que podemos ofrecer suele ser nuestra presencia, nuestra calma y la certeza de que alguien está dispuesto a acompañar hasta que la tormenta pase.