Washington ha activado un nuevo frente en su ofensiva comercial. A partir de este viernes, Estados Unidos aplica aranceles a medicamentos patentados y principios activos importados, una medida que busca reconfigurar la industria farmacéutica global y que podría tener consecuencias en los precios y el acceso a los tratamientos.
La estrategia de la Casa Blanca es clara: usar el enorme mercado estadounidense como palanca para forzar cambios profundos. El mensaje para las grandes farmacéuticas es contundente: producir en Estados Unidos o enfrentarse a costes que podrían reducir drásticamente sus márgenes.
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Una presión calculada
La orden ejecutiva establece un arancel general del 100% para medicamentos fabricados fuera del país. Sin embargo, las negociaciones han creado un sistema de tarifas diferenciadas. Los productos de la Unión Europea, Suiza, Japón y Corea del Sur pagarán un 15%, mientras que Reino Unido tendrá un 10%.
Un primer grupo de 17 grandes farmacéuticas, entre ellas Roche, AstraZeneca, Merck y Sanofi, ya enfrenta los nuevos gravámenes desde el 31 de julio. El resto de las compañías tendrá un plazo hasta el 29 de septiembre para prepararse.
El objetivo va más allá de la recaudación. Washington busca implementar su política de "nación más favorecida" para que ningún fármaco financiado con dinero público cueste más que en el país desarrollado donde se venda más barato.
El dilema europeo
El nuevo escenario coloca a las farmacéuticas europeas ante una decisión estratégica difícil: absorber los mayores costes o trasladar producción a Estados Unidos. Para España, aunque el impacto directo es menor, las cifras son significativas: el país exportó medicamentos por valor de 1.100 millones de euros a EE.UU. en 2024, con cerca de 200 empresas manteniendo relaciones comerciales con ese destino .
El secretario de Estado de Sanidad de España, Javier Padilla, relativiza el impacto inmediato, señalando que los genéricos, clave para el sistema sanitario español, están exentos de los aranceles por ahora . Sin embargo, desde la industria la visión es más preocupante. Juan Yermo, director general de Farmaindustria, advierte que pertenecer al mercado único europeo no aísla a España de una transformación global del sector .
México en la mira
La industria farmacéutica mexicana observa con atención estos movimientos. México mantiene fuertes vínculos comerciales con el mercado estadounidense, especialmente en regiones donde las exportaciones representan empleo e inversión. Cambios arancelarios podrían impactar la competitividad de plantas farmacéuticas instaladas en el país que dependen de cadenas de manufactura y ensamblaje vinculadas a Norteamérica.
Larry Rubin, director ejecutivo de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF), expresó su confianza en que los aranceles a productos mexicanos no prosperen en el sector salud. "Estados Unidos necesita evidentemente a la industria mexicana (...). Particularmente salud, para nosotros, es una industria demasiado sensible que requiere de una atención muy diferente", afirmó.
Rubin destacó que han planteado a las autoridades mexicanas y estadounidenses que los aranceles no deben enfocarse en cuestiones de salud, subrayando: "Es un mecanismo que en la industria de la salud no le sirve a nadie, porque estamos en la industria de curar pacientes".
El temor a una fuga de inversiones
Uno de los mayores temores es que la estrategia acelere el traslado de inversiones hacia Norteamérica, donde el mercado es más grande, los precios son más altos y ahora existen ventajas arancelarias. La norma contempla incentivos para las compañías que presenten planes de relocalización, ofreciéndoles un arancel reducido del 20% de forma temporal.
Diversas organizaciones del sector advierten que algunas compañías podrían retrasar el lanzamiento de nuevos medicamentos en Europa para evitar que los precios europeos sirvan como referencia para EE.UU. El resultado: un acceso más lento de los pacientes europeos a tratamientos innovadores.
La exención temporal de los genéricos introduce una diferencia clave. Estos productos, fundamentales para contener el gasto sanitario, quedan protegidos por ahora, aunque el Departamento de Comercio estadounidense ya ha anunciado que revisará esta situación en el plazo de un año. Para los expertos, esta diferenciación responde a una doble lógica: proteger al consumidor estadounidense y concentrar la presión sobre los tratamientos innovadores, donde Washington quiere atraer la fabricación.
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