VACUNAS

5 mitos sobre las vacunas que hay que dejar de creer

A pesar de los avances científicos, persisten falsas creencias sobre las vacunas que ponen en riesgo la salud pública

Conoce los mitos sobre las vacunas que hay que dejar de creer
Conoce los mitos sobre las vacunas que hay que dejar de creerCréditos: (Canva)
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Las vacunas son uno de los avances más importantes en la historia de la medicina, responsables de salvar millones de vidas anuales y de erradicar enfermedades que antes causaban estragos y terminaban con la vida de miles de personas. Sin embargo, en la era de la información también circula abundante desinformación que lleva a muchas personas a dudar sobre su seguridad y efectividad, por lo que hoy te diremos los mitos de las vacunas que debes dejar de creer.

¿Cuáles son los mitos sobre las vacunas que hay que dejar de creer?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado la desconfianza hacia las vacunas como una de las principales amenazas para la salud global. A continuación, presentamos cinco mitos frecuentes y lo que realmente dice la evidencia científica al respecto:

  • Las vacunas causan autismo

Esta falsa creencia tiene su origen en un estudio publicado en 1998 por el médico británico Andrew Wakefield, quien sugirió una relación entre la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo. La investigación fue completamente desacreditada, retirada de la revista médica The Lancet y Wakefield perdió su licencia médica por conducta fraudulenta.

Desde entonces, múltiples estudios realizados por instituciones como el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han analizado a millones de niños sin encontrar absolutamente ninguna relación entre las vacunas y el autismo.

La Academia Americana de Pediatría señala que "los estudios continúan mostrando consistentemente que no hay relación entre las vacunas y el autismo", y recomienda a los padres confiar en el esquema de vacunación establecido por las autoridades sanitarias.

  • Las vacunas contienen sustancias tóxicas peligrosas

Una de las creencias más comunes, pero también falsas es que las vacunas contienen mercurio, aluminio o formaldehído en cantidades peligrosas. La realidad es que estos componentes se utilizan en dosis mínimas y con fines específicos: como conservadores o para mejorar la respuesta inmune.

El tiomersal, un compuesto que contiene mercurio y que generó preocupación, fue eliminado o reducido a trazas en la mayoría de las vacunas infantiles desde 2001 por precaución, aunque los estudios nunca demostraron que representara un riesgo, según informa la OMS.

El aluminio presente en algunas vacunas es menor al que se ingiere diariamente a través de la leche materna o la fórmula infantil. El organismo humano elimina naturalmente estas sustancias sin que representen un daño.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) regula estrictamente todos los componentes de las vacunas y garantiza que son seguros en las cantidades utilizadas. (Foto: Canva)
  • Es mejor adquirir la enfermedad por contagio natural que vacunarse

Algunas personas creen que enfermarse "naturalmente" genera una inmunidad más fuerte o duradera que la vacuna. Si bien es cierto que la infección natural puede producir inmunidad, el costo es padecer la enfermedad con todos sus riesgos.

Enfermedades como el sarampión pueden causar neumonía, encefalitis (inflamación del cerebro), ceguera e incluso la muerte. Antes de la vacuna, el sarampión mataba a millones de niños anualmente en el mundo.

La OMS explica que las vacunas "interactúan con el sistema inmunitario para producir una respuesta similar a la de la infección natural, pero sin causar la enfermedad ni exponer a la persona a sus complicaciones potenciales". La inmunidad generada es igualmente efectiva y mucho más segura.

  • Las vacunas saturan el sistema inmune de los niños

Este mito sugiere que aplicar varias vacunas al mismo tiempo puede "sobrecargar" o debilitar el sistema inmune de los pequeños. La realidad es que el sistema inmunológico de un bebé está preparado para enfrentar miles de microorganismos diariamente.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que "los niños están expuestos a cientos de gérmenes todos los días" y que "las vacunas representan un desafío mínimo comparado con lo que enfrentan a diario". Espaciar las vacunas solo retrasa la protección contra enfermedades graves.

Las vacunas son claves para prevenir enfermedades en niños. (Foto: Canva)
  • Si no hay un brote de la enfermedad, no debo vacunarme

Muchas personas nacidas después de la introducción de las vacunas nunca han visto un caso de polio o difteria, lo que genera la falsa sensación de que estas enfermedades han desaparecido por completo o ya no representan un peligro.

La realidad es que los microorganismos que causan estas enfermedades siguen existiendo. Cuando las tasas de vacunación disminuyen, los brotes reaparecen. Ejemplos recientes incluyen el resurgimiento del sarampión en países europeos y americanos donde se había eliminado previamente.

Los CDC advierten que "las enfermedades prevenibles por vacunación pueden regresar si no mantenemos altas coberturas de vacunación". La protección comunitaria o "inmunidad de rebaño" solo funciona cuando un porcentaje suficiente de la población está vacunado, protegiendo también a quienes no pueden vacunarse por razones médicas.

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