La hipertensión arterial es una enfermedad crónica caracterizada por cifras de presión arterial sostenidamente por encima de los rangos normales, generalmente superiores a 140/90 mmHg. Se ha ganado el apodo de "la asesina silenciosa" por una razón contundente: en la mayoría de los casos no produce síntoma alguno mientras daña de forma progresiva órganos vitales como el corazón, los riñones, el cerebro y la retina.
El doctor Nikos Christo Secchi Nicolás, médico internista certificado por el Consejo Mexicano de Medicina Interna y presidente del Congreso Internacional de Enfermedades Crónico Degenerativas 2026-2027, explica que este daño silencioso es lo que la vuelve tan peligrosa. "Cuando llegan a detectarse los síntomas, muchas veces ya existe un daño establecido. Y, además, la hipertensión aumenta significativamente el riesgo de presentar infarto, enfermedad vascular cerebral, insuficiencia renal o incluso muerte súbita", advierte el especialista.
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Señales que no debes ignorar
Aunque la mayoría de los pacientes son asintomáticos, existen síntomas de alarma que ameritan atención médica inmediata. El doctor Secchi enumera los principales:
- Dolor de cabeza intenso, especialmente en la parte posterior (occipital)
- Visión borrosa, puntilleo o pérdida súbita de la visión
- Dolor en el pecho o dificultad para respirar
- Períodos de confusión, dificultad para hablar o debilidad en alguna extremidad
- Sangrado nasal abundante (epistaxis).
"Estos síntomas no deben tomarse a la ligera. Pueden ser la primera manifestación de una crisis hipertensiva y requieren valoración urgente", enfatiza el especialista.
es un claro síntoma de hipertensión. (Foto: Canva)
¿Quiénes están en mayor riesgo?
Existen factores de riesgo bien establecidos que aumentan la probabilidad de desarrollar hipertensión. La edad es uno de los más importantes: aunque es más frecuente por arriba de los 55 años, personas desde los 40 ya se consideran en riesgo. Otros factores incluyen:
- Antecedentes familiares de hipertensión.
- Obesidad o síndrome metabólico.
- Diabetes mellitus.
- Consumo elevado de sal.
- Sedentarismo.
- Tabaquismo y consumo de alcohol.
- Enfermedad renal crónica.
- Estrés crónico.
¿Cómo se diagnostica correctamente?
Contrario a la creencia popular, una sola medición elevada en el consultorio no es suficiente para diagnosticar hipertensión. El doctor Secchi es claro al respecto: "El diagnóstico correcto requiere dos o más mediciones elevadas en dos o más visitas diferentes y con la técnica adecuada".
En casos donde existe duda o sospecha de la llamada "hipertensión de bata blanca" (cuando la presión se eleva solo en presencia del médico) o de "hipertensión enmascarada" (cifras normales en consulta, pero elevadas fuera de ella), se recomienda el monitoreo ambulatorio de presión arterial (MAPA) o el automonitoreo en casa. Adicionalmente, el médico puede solicitar un electrocardiograma o análisis de sangre para evaluar si ya existe daño en órganos como el corazón o los riñones.
El tratamiento debe ser individualizado
El tratamiento de la hipertensión debe ser individualizado y se sostiene sobre tres pilares fundamentales:
- Alimentación saludable: La dieta es parte esencial del control. Se recomienda reducir el consumo de sal a menos de 2 gramos al día, moderar el alcohol y priorizar alimentos naturales sobre los procesados.
- Actividad física: Lo ideal es realizar ejercicio aeróbico o caminata de al menos 150 minutos por semana. Junto con esto, suspender el tabaco y manejar el estrés son medidas complementarias indispensables. "La pérdida de peso, aunque sea de un 5 a 10%, mejora significativamente el control de la presión arterial", agrega el especialista.
- Tratamiento farmacológico: En la mayoría de los pacientes se requiere terapia combinada, es decir, dos o más medicamentos que actúan mediante diferentes mecanismos para lograr un control óptimo. En pocos casos se utiliza un solo fármaco, y en situaciones más complejas puede ser necesario recurrir a una terapia triple o incluso cuádruple.
El mito más peligroso
Como médico internista, al doctor Secchi le preocupa especialmente una creencia arraigada entre los pacientes. "Lo que más frecuentemente escuchamos en consulta es: 'si me siento bien, no necesito tomar el medicamento'. Eso es completamente falso. No se trata solo de sentirse bien, sino de mantener las cifras de presión arterial en meta".
Abandonar el tratamiento por cuenta propia puede provocar el llamado efecto rebote o una crisis hipertensiva con daño agudo a órganos. El control, insiste, debe mantenerse incluso cuando el paciente se encuentra estable, a menos que el médico indique lo contrario.
El panorama en México y el mundo
La hipertensión es la enfermedad crónica más frecuente del planeta. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, 1,280 millones de personas viven con esta condición a nivel global, y casi la mitad no está diagnosticada ni controlada.
En México, la realidad es igual de preocupante: entre el 30 y 32% de los adultos padece hipertensión, y más del 40% desconoce su condición. "Esa es una de las principales problemáticas: el hecho de no tener diagnóstico permite que el daño avance de forma permanente y progresiva sin que el paciente se dé cuenta, hasta que ya es severo y da alguna manifestación clínica", alerta el doctor Secchi.
Una recomendación que puede salvar vidas
Para quienes acaban de recibir el diagnóstico, el especialista ofrece un consejo simple pero poderoso: "Midan su presión arterial en casa y conozcan sus valores. Si conoces tu enfermedad y sabes cuáles son tus cifras de control, nos ayudas a controlarla más fácilmente. Es un trabajo en equipo entre el médico y el paciente".
En el marco del Día Mundial de la Hipertensión, el mensaje del doctor Secchi es claro: "La hipertensión primaria, la más frecuente, no se cura, pero sí se controla. Y cada día que una persona toma su medicamento, hace ejercicio y cuida su alimentación, está protegiendo su corazón, su cerebro y su vida a futuro".
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