HIPERTENSIÓN ARTERIAL

La hipertensión: por qué tratarla aunque no duela

Dr. Ardavín: Un hombre de 65 años, fumador, con hipertensión no tratada, diabetes, colesterol alto y antecedentes familiares de infarto, tiene un riesgo calculado de casi 35% en los siguientes 10 años

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La hipertensión arterial sistémica es una de las enfermedades crónicas más comunes en adultos. Tres de cada diez mexicanos la tienen diagnosticada y, si consideramos a quienes no saben que la padecen, el número llega a casi la mitad de la población adulta. Su importancia radica en que contribuye de forma determinante al riesgo de tener un evento cardiovascular ––un infarto al corazón, un infarto o hemorragia cerebral–– y al riesgo de perder la función de los riñones, entre otras complicaciones. Entender este concepto de riesgo es esencial, porque es la razón por la que tratamos la hipertensión.

Cuando el médico menciona que la hipertensión causa infartos o hemorragias cerebrales, muchos imaginan que una elevación súbita de la presión ocasiona en ese momento la ruptura o la obstrucción de una arteria. Aunque esto puede llegar a suceder, en la mayoría de los casos no es así. Lo que ocurre es que tener la presión alta durante años —frecuentemente sin saberlo y sin sentir ninguna molestia— produce un daño progresivo en los vasos sanguíneos, sobre todo en los más pequeños, que eventualmente favorece, junto con otros factores, que suceda uno de estos eventos. Es un daño que toma años en establecerse y que culmina, sin aviso, en un evento potencialmente mortal. 

¿A qué nos referimos con riesgo elevado? Lo explico con un ejemplo: la probabilidad de que un hombre de 45 años sano tenga un infarto en los siguientes diez años es de aproximadamente 2%, es decir, 2 de cada 100 hombres con esas características. Un hombre igual pero con hipertensión descontrolada tendría alrededor del doble: aproximadamente 4%. Este ejemplo es simplista, porque existen muchos factores de riesgo cardiovascular —algunos modificables como la hipertensión, otros no modificables como la edad o la genética— y muchos interactúan entre sí. Un hombre de 65 años, fumador, con hipertensión no tratada, diabetes, colesterol alto y antecedentes familiares de infarto —que en este momento puede no tener ninguna molestia— tiene un riesgo calculado de casi 35% en los siguientes diez años, es decir, 1 de cada 3 hombres con esas características tendría un evento en ese periodo. Un riesgo altísimo que podría reducirse significativamente con el control de la presión arterial y de los demás factores modificables.

Que una persona tenga la presión alta en un momento dado, sin ningún síntoma, habitualmente no implica riesgo inminente. Pero probablemente es señal de que, cuando no se mide, también está alta, y que por lo tanto la probabilidad de tener un evento grave a largo plazo es mayor. El tratamiento no es para "bajar la presión cuando esté alta" sino para mantenerla en un rango adecuado todo el tiempo, reduciendo así esa probabilidad.

Para la identificación y el control de la presión arterial, te doy estos consejos prácticos:

Si tienes entre 18 y 40 años, acude con tu médico al menos cada dos años para un chequeo que incluya medición de la presión arterial.

Si tienes más de 40 años, consigue un medidor automático digital que mida en el brazo —no en el dedo ni en la muñeca— y mide tu presión dos veces al día durante una semana, una o dos veces por año. Visita a tu médico al menos una vez al año, o antes si el promedio semanal de tu presión sistólica (la alta) es de 135 o más, o el de la diastólica (la baja) de 85 o más.

Si tienes diagnóstico de hipertensión, toma tu medicamento todos los días sin falta y pregunta a tu médico cuál es tu meta; la mayoría de las personas se beneficia de mantener una presión menor a 130/80. Mídete la presión dos veces al día durante una semana cada tres o cuatro meses y acude a consulta si no estás dentro de la meta. Para mantenerte en ella es indispensable no suspender el medicamento.

Tanto para prevenir como para tratar la hipertensión es importante llevar una dieta baja en sal. Evita los alimentos procesados y la comida rápida, y modera o elimina los que lleven la etiqueta "alto en sodio".

La hipertensión es un factor de riesgo modificable. Para identificarla antes de que genere daño, es necesario hacer mediciones y evaluaciones médicas aun cuando no haya síntomas; para controlarla eficazmente y reducir el riesgo es indispensable la disciplina en la dieta, los medicamentos y las mediciones en casa.