Las personas con artritis reumatoide no solo deben prestar atención a los medicamentos o tratamientos médicos. El calzado también puede convertirse en un factor clave para disminuir dolor, mejorar la movilidad y evitar deformidades en los pies.
De acuerdo con información de WebMD, usar los zapatos adecuados puede marcar una diferencia importante desde las primeras etapas de la enfermedad, ya que ayudan a reducir el impacto sobre las articulaciones y prevenir daños permanentes.
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Especialistas señalan que los pies suelen ser una de las zonas más afectadas por la artritis reumatoide debido a la inflamación constante de las articulaciones, lo que puede provocar molestias al caminar, juanetes, dedos en martillo y cambios en la forma del pie.
El calzado también afecta rodillas, cadera y espalda
Según la publicación, el impacto de los zapatos no se limita únicamente a los pies, debido a que el tipo de calzado puede modificar la alineación corporal y alterar la manera en que una persona mueve tobillos, rodillas, caderas e incluso la espalda.
Por ello, elegir zapatos incorrectos podría aumentar el dolor o empeorar problemas articulares ya existentes.
Aunque no existe una sola marca o modelo ideal para todas las personas con artritis reumatoide, expertos recomiendan buscar ciertas características específicas.
WebMD destaca que muchas personas utilizan el mismo par de zapatos todos los días, algo que podría aumentar el estrés sobre músculos y articulaciones.
Cada zapato modifica la forma en que el pie golpea el suelo al caminar. Repetir el mismo movimiento diariamente puede favorecer lesiones por presión o desgaste.
Por ello, especialistas recomiendan alternar el calzado cada cuatro o cinco días para variar el apoyo y reducir la tensión repetitiva sobre los pies.
Cómo debe quedar un zapato
- La recomendación es elegir un modelo suficientemente ancho para que el pie no sobresalga de la suela ni comprima los dedos. También debe existir espacio suficiente en la parte frontal del zapato, aproximadamente medio centímetro entre el dedo más largo y la punta.
- Las personas con juanetes o deformidades necesitan aún más espacio para evitar presión constante.
- Además, el talón debe quedar firme para impedir deslizamientos al caminar y el zapato no debe generar dolor en ninguna zona del pie.
- Especialistas también aconsejan probar ambos zapatos antes de comprarlos, ya que un pie puede ser más ancho o más largo que el otro.
- Los zapatos flexibles podrían ser mejor opción
La información de WebMD refiere que algunos estudios han encontrado beneficios en los zapatos flexibles y ligeros para personas con dolor relacionado con artritis reumatoide. Los modelos demasiado rígidos o con exceso de soporte podrían no resultar cómodos para todos los pacientes.
En algunos casos, los zapatos planos y flexibles, similares a caminar descalzo, ayudan a disminuir molestias en pies y rodillas.
Sin embargo, médicos y podólogos recomiendan probar distintos modelos hasta encontrar el más cómodo según las necesidades de cada persona.
Tacones altos: el enemigo de las articulaciones
Especialistas coinciden en que los tacones altos son una de las peores opciones para personas con artritis. WebMD señala que un tacón de tres pulgadas puede generar hasta siete veces más presión sobre el pie que uno de una pulgada.
Además del dolor en los pies, los tacones altos aumentan el impacto sobre rodillas, cadera y espalda, zonas que suelen resentir la artritis reumatoide.
También recomiendan evitar los zapatos de punta estrecha, ya que favorecen deformidades y presión sobre los dedos.
