De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, el cáncer de colon y recto es un grave problema de salud pública en México, ocupando el tercer lugar en frecuencia con aproximadamente 15,000 nuevos casos anuales. Más del 60% de los pacientes se diagnostican en etapas avanzadas, lo que aumenta la mortalidad, situándose como la tercera causa de muerte por cáncer en hombres (9.6%) y mujeres (9.6%).
Investigadores de la Universidad de California en San Diego señalan que muchos cánceres podrían originarse a partir de exposiciones microbianas o ambientales que ocurren mucho antes del diagnóstico. "Puede que no se trate solo de lo que ocurre en la adultez; el cáncer podría estar influido por eventos en las primeras etapas de la vida, quizá incluso durante los primeros años", explicó Alexandrov, uno de los investigadores.
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En el centro de esta investigación se encuentra la colibactina, una toxina producida por ciertas cepas de la bacteria E. coli capaces de causar daño en el ADN de las células del colon. Christian Jobin, investigador del microbioma en la Universidad de Florida, explicó que entre el 20% y el 30% de los adultos tienen estas cepas, aunque no todos desarrollan cáncer. La clave, según los expertos, está en cómo interactuamos con nuestra propio microbiota a través de la alimentación y el estilo de vida.
Los primeros años: La ventana de oportunidad para un intestino saludable
En los bebés, un intestino saludable es fundamental para el desarrollo del sistema nervioso, el sistema inmunológico y el aparato digestivo. Según Children's Healthcare Associates de Chicago, las primeras semanas y meses de vida son especialmente críticos para este proceso. La lactancia materna, los alimentos ricos en bacterias beneficiosas, las fórmulas con probióticos y el contacto piel con piel pueden ayudar a fortalecer el microbiota intestinal del bebé, ya que la leche materna contiene bacterias beneficiosas y las bacterias presentes en la piel también pueden transferirse al organismo del recién nacido.
Los expertos también recomiendan evitar el uso innecesario de antibióticos en los bebés. Stanford Medicine advierte que "los antibióticos pueden eliminar infecciones bacterianas, pero también destruir bacterias intestinales beneficiosas. Deben utilizarse solo cuando sea necesario, no para infecciones virales como resfriados, gripe o muchas infecciones de oído". Esta precaución en la infancia podría tener repercusiones décadas después en la salud del colon.
- Fibra, probióticos y ejercicio: El escudo protector en la edad adulta
En los adultos, las recomendaciones para proteger la salud intestinal y reducir el riesgo de cáncer colorrectal son claras y están respaldadas por la evidencia científica. Consumir al menos una porción diaria de alimentos ricos en probióticos, como yogur, pepinillos, chucrut o pan de masa madre, puede ayudar a aumentar las bacterias beneficiosas del intestino. Según el Hospital Infantil de Filadelfia, estos alimentos también ayudan a combatir bacterias dañinas al producir ácido y pueden reducir la inflamación asociada a enfermedades crónicas como el cáncer.
También es importante es incorporar suficiente fibra con efecto antiinflamatorio en la dieta diaria. Alimentos como pimientos, bananas, avena y espárragos actúan como prebióticos, es decir, sirven de alimento para las bacterias beneficiosas. Investigadores de la Universidad de Cambridge señalan que la fibra también puede ayudar a proteger contra bacterias dañinas como E. coli. Un estudio reciente de la Universidad de Toronto demostró que los ratones con dietas bajas en carbohidratos presentaban una capa de moco intestinal más delgada, lo que permitía que más colibactina llegara a las células del colon, mientras que el consumo de fibra redujo los niveles de E. coli y el daño en el ADN.
- Hidratación y movimiento: Los aliados silenciosos
Mantenerse bien hidratado y realizar actividad física con regularidad completa el cuadro de prevención. Según Harvard Health, el ejercicio ayuda a prevenir el estreñimiento y favorece un microbioma intestinal saludable. Un estudio realizado en España en 2017 mostró que las personas sedentarias tienen menos bacterias beneficiosas en el intestino, mientras que investigaciones en Australia en 2023 indican que los 150 minutos semanales de ejercicio moderado recomendados por las autoridades sanitarias son suficientes para generar un impacto positivo.
Beber agua también contribuye a que el organismo produzca el moco que protege el tracto digestivo, según Harvard. De acuerdo con Mayo Clinic, las mujeres deberían consumir alrededor de 2,7 litros de agua al día, mientras que los hombres unos 3,7 litros diarios. Como concluye el investigador Bhupesh Thakur, de la Universidad de Toronto: "Ahora estamos tratando de determinar qué fuentes de fibra son más beneficiosas", pero lo que ya es seguro es que una combinación de fibra, probióticos, hidratación y ejercicio constituye la mejor estrategia para proteger nuestro intestino y reducir el riesgo de cáncer colorrectal.
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