Durante años, el mango ha sido considerado una fruta “prohibida” para las personas con diabetes debido a su sabor dulce. Sin embargo, especialistas y organismos de salud coinciden en que esta creencia es un mito, lejos de estar restringido, el mango puede formar parte de una alimentación saludable siempre que se consuma en porciones adecuadas y en su presentación natural.
La Fundación Española del Corazón señala que las personas con diabetes pueden consumir cualquier tipo de fruta, ya que no existen frutas prohibidas por sí mismas, por lo que la clave está en controlar las porciones, evitar los excesos y elegir preferentemente fruta fresca o congelada en lugar de presentaciones en almíbar, enlatadas o procesadas, que suelen contener azúcares añadidos y menos fibra.
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Los especialistas también recomiendan evitar los jugos de fruta, incluso los naturales, ya que al eliminar gran parte de la fibra favorecen una absorción más rápida de los azúcares y pueden provocar elevaciones más importantes en la glucosa.
¿Qué efecto tiene el mango en la glucosa?
A pesar de su sabor dulce, el mango aporta nutrientes que pueden favorecer el control de la glucosa cuando se consume con moderación.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) destaca que esta fruta es una fuente de fibra dietética y contiene compuestos naturales que ayudan a mantener niveles saludables de glucosa en sangre.
Uno de sus principales beneficios es precisamente su contenido de fibra, especialmente fibra soluble o pectinas. Este tipo de fibra retrasa la digestión y la absorción de los carbohidratos, lo que ayuda a disminuir los picos de glucosa después de los alimentos y favorece una mayor sensación de saciedad.
De acuerdo con El Poder del Consumidor, las pectinas presentes en la pulpa del mango también contribuyen al control del colesterol y ayudan a evitar el consumo excesivo de calorías al prolongar la sensación de llenura.
Además, contrario a la creencia popular, el mango tiene un índice glucémico relativamente bajo, por lo que una porción adecuada no provoca aumentos bruscos del azúcar en sangre.
El mango también destaca por su contenido de vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes. La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos señala que estos compuestos bioactivos pueden favorecer una mejor sensibilidad a la insulina, es decir, ayudan al organismo a utilizar de manera más eficiente la glucosa.
Asimismo, sus antioxidantes y propiedades antiinflamatorias contribuyen a disminuir el estrés oxidativo, un proceso relacionado con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y otras afecciones crónicas.
Comer con moderación
Aunque el mango puede incluirse en la alimentación de las personas con diabetes, los especialistas enfatizan que la cantidad consumida sigue siendo determinante.
Lo recomendable es consumir una porción de mango por ocasión e integrarla dentro de una dieta variada que incluya verduras, otras frutas, cereales integrales y proteínas de buena calidad.
También es importante evitar preparaciones que aumenten el contenido de azúcar, como agregar leche condensada, azúcar refinada, miel o consumirlo en jugos, almíbar o postres industrializados.
Una alternativa saludable es incorporarlo en ensaladas, salsas, aderezos o preparar paletas congeladas únicamente con agua y mango, sin azúcar añadida.
No hay frutas prohibidas, pero sí porciones adecuadas
Los expertos coinciden en que el éxito del control de la diabetes no depende de eliminar alimentos específicos, sino de mantener una alimentación equilibrada y respetar las cantidades recomendadas.
Entre las frutas que pueden consumirse con frecuencia se encuentran la manzana, fresas, kiwi, naranja, toronja, arándanos, papaya, pera, durazno, mandarina, ciruela, melón y frutos rojos.
En el caso del mango, así como de la sandía, el plátano muy maduro y los dátiles, la recomendación es disfrutarlos con moderación debido a su mayor aporte de carbohidratos por porción.
